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Fuentes, Revista de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional
Print version ISSN 1997-4485
Rev. Fuent. Cong. vol.13 no.62 La Paz June 2019
PÁGINAS DEL EDITOR
EL DIARIO DE CAMPAÑA DE LA INJUSTA GUERRA DE 1879
THE CAMPAIGN DIARY OF THE UNFAIR WAR OF 1879
Luis Oporto Ordóñez*
RESUMEN
Prólogo al Diario de Campaña del Ejército boliviano en la guerra del Pacífico escrito por José Vicente Ochoa, publicado en Sucre, en la Tipografía y Librería Económica en 1899. El Diario es redactado por el autor en su condición de cronista oficial del Ejército de Bolivia, registra los acontecimientos y actividades desarrolladas por esa fuerza castrense desde su salida de La Paz, el 14 de abril de 1879, hasta el 26 de mayo de 1880. El Diario fue sometido a reserva a fin de evitar que se interfiera en su redacción, la que debía ser imparcial y precisa. El Diario se circunscribe en la tradición castrense de documentar sus actos. Es un documento de valor trascendental para la historia de aquella guerra injusta provocada y planificada por la oligarquía chilena para apoderarse de las riquezas del litoral boliviano. El ejemplar de la primera edición, custodiado en la Biblioteca de la Casa de Cultura del Gobierno Autónomo Municipal de Cochabamba y el que está resguardado en la Biblioteca del Centro Cultural y Pedagógico Simón I. Patiño de Cochabamba, fue declarado Memoria Regional del Mundo Unesco-Mowlac en la reunión del Comité Regional de América Latina y el Caribe, realizada en Mar del Plata, Argentina en octubre de 2017.
Palabras clave: <Guerra del Pacífico, 1879> <Bolivia> <Chile> <Perú> <José Vicente Ochoa> <Hilarión Daza>
ABSTRACT
Prologue to the Diario de Campaña del Ejército boliviano en la Guerra del Pacífico (Campaign Diary of the Bolivian Army in the Pacific War), written by José Vicente Ochoa, published in Sucre, in the Typography and Economic Bookshop, in 1899. The Diary is written by the author as official chronicler of the Army of Bolivia, and records the events and activities carried out by that military force since its departure from La Paz, on April 14, 1879, until May 26, 1880. The Diary was placed under reserve in order to avoid interfering with its drafting, which should be impartial and precise. It is circumscribed to the military tradition of documenting actions. It is a document of transcendental value for the history of that unfair war, provoked and planned by the Chilean oligarchy to seize the riches of the Bolivian coast. The copy of the first edition, kept in the Library of the House of Culture of the Autonomous Municipal Government of Cochabamba and also housed at the Library of the Simón I. Patiño Cultural and Pedagogical Center in Cochabamba, was declared a Regional Memory of the World of the Unesco-Mowlac, in the meeting of the Regional Committee of Latin America and the Caribbean, held in Mar del Plata, Argentina in October 2017.
Keywords: <Pacific War, 1879> <Bolivia> <Chile> <Peru> <José Vicente Ochoa> <Hilarión Daza>

La tradición castrense de documentar sus actos, facultó al presidente Hilarión Daza a instruir la publicación del Boletín de la Guerra, nombrando director al Doctor Abdón Ondarza; y la redacción de un Diario de campaña, al joven abogado José Vicente Ochoa, documento de valor trascendental para la historia de aquella guerra injusta provocada y planificada por la oligarquía chilena para apoderarse de las riquezas del litoral boliviano.
Encontramos un ejemplar de esta curiosa y rara obra en la Biblioteca Municipal Jesús Lara de Cochabamba. Hasta entonces solo teníamos referencias de su existencia en la bibliografía especializada. Luego de leer su contenido constatamos su importancia para comprender ese capítulo dramático de la historia de Bolivia, Perú y Chile, por lo que planteamos a la Jefatura de Patrimonio, Archivos y Museos del Gobierno Autónomo Municipal de Cochabamba mandar a imprimir con urgencia una nueva edición.
Es imperioso que el contenido del Diario sea conocido por los ciudadanos de Bolivia, Perú y Chile, pues permitirá comprender mejor la naturaleza íntima de ese conflicto internacional que fue motivado por la ambición de la oligarquía chilena que apetecía las riquezas del guano, el salitre y el cobre, planificando para ese fin ensanchar sus fronteras por medio de una guerra de ocupación y conquista. Chile tenía un estrecho territorio enclavado en una franja aprisionada por la cordillera de los Andes al este y por el océano Pacífico al oeste. Para ese objetivo visualizaron dos alternativas: avanzar sobre el territorio de la Patagonia o invadir el norte hasta el desierto de Tarapacá. Solo con una guerra internacional podrían cumplir con ese propósito, por lo que planificaron cuidadosamente todos los detalles antes de dar el golpe artero.
Tan ansiado anhelo se posibilitó cuando Bolivia usó su legítimo derecho de gravar una ínfima gabela a la industria extractiva instalada en el territorio de su litoral, como afirma el joven Ochoa:
Sólo la perfidia de Chile, acosado por la fiebre de su bancarota, podía provocar esta guerra por la codicia de unos escudos, a fin de aliviar su caja pública y de extender su negra mano sobre territorios riquísimos de Bolivia y el Perú ambicionados há mucho por el chileno.
Fue el pretexto que esperaba la oligarquía chilena para desencadenar los acontecimientos, ordenando invadir a la indefensa Antofagasta el 14 de febrero de 1879.
I
José Vicente Ochoa, autor del Diario, nació en La Paz el 8 de diciembre de 1859 (Alcázar, 1920). Falleció en Sucre el 17 de enero de 1898, frisando escasos 38 años. Era un joven intelectual destacado1 que se graduó como abogado en la célebre Universidad de San Francisco Xavier de Chuquisaca en 1878. Durante su corta existencia fue educador, escritor y político. Sus primeras armas las hizo en el Ministerio de Justicia e Instrucción Pública (1878). En postguerra, fue profesor en el Colegio Ayacucho (1881) y oficial mayor del Ministerio de Relaciones Exteriores. Cumplió misiones diplomáticas en Chile (1891), fue ministro de Instrucción Pública y Colonización (1895-1896) y ministro de Instrucción Pública y Fomento (1896-1897). Militó en el Partido Conservador. Diputado (1894), munícipe y presidente del Ayuntamiento de La Paz. Fundó el Círculo Literario, ingresó a la Sociedad Literaria Sucre en plena campaña del Pacífico, fue miembro de la Sociedad Gutiérrez. Publicó sus artículos en La Reforma, El Comercio y La Tribuna, usando los seudónimos de "Bachiller", "Paulino" y "Yorik" (Alcázar, 1920: 418). Publicó Semblanzas de la guerra del Pacífico (1881); Borrones y perfiles (1885), Hojas al viento, Paceños ilustres (1888-1889), Biografía del Dean Cisneros, don Evaristo Valle y Abaroa (1892). Su Diario vio la luz de la imprenta de forma póstuma, pues fue publicado luego de su muerte como Diario de la campaña del Ejército boliviano en la guerra del Pacífico en Sucre, en la Tipografía y Librería Económica en 1899.
II
El Diario fue escrito en condiciones muy álgidas, "a vuelapluma, muchas veces sobre el lomo de bestia ó en medio del vivac de la campaña y quizá tras del fragor del combate". El desafío que enfrentó el joven cronista fue grande y extremadamente delicado. Debía llevar el Diario de campaña "con fidelidad estricta y a medida que se producían los acontecimientos", responsabilidad complicada y compleja, pues los requisitos eran los de mantener criterio independiente y procurar la revelación exacta de hechos y -lo que es más difícil de lograr- tratar de capturar "los caracteres de los diversos actores sociales". El Diario, pensado de esa manera, debía ser "un retrato de la situación moral y material del Ejército de Bolivia, durante la Guerra del Pacífico".
Su autor era un combatiente singular en ese insano conflicto, usaba la pluma, mas no el fusil o la bayoneta. Siguió al capitán general y al Ejército que se desplegó de La Paz a Tacna; hizo viajes intermitentes con la Legión Boliviana que acompañó al presidente Hilarión Daza en sus frecuentes visitas a Arica y luego enrumbó a Camarones, de cuya inexplicable retirada fue testigo.
En la víspera de la salida de La Paz, registró el entusiasmo ardiente de la gente: "Lloran los que se quedan, no los que van" y afirmó a tiempo de parafrasear a Lamenais: "Benditas sean tus armas! y Castelar: Santo glorioso es sacrificarse por la Libertad y la Patria. Vivir la vida de los héroes y morir la muerte de los mártires".
En gran medida alcanzó su objetivo, pero como no podía ser de otra manera, su visión se extendió al Ejército del Perú y a la sociedad de Tacna y Arica. El Diario revela las claves de esa campaña desarrollada en medio de la miseria humana escondida detrás de los uniformes militares de gala de los directores supremos de la guerra, los presidentes del Perú, Mariano Prado, y de Bolivia, Hilarión Daza. Felizmente para la historia y el honor de Bolivia, rescata el desempeño pundonoroso de jefes militares, a la par de aquellos jóvenes ilustrados de la élite de La Paz, Oruro, Potosí, Sucre, Cochabamba y Santa Cruz de la Sierra que conformaron la Legión Boliviana y de la noble tropa de artesanos que formaba el grueso del Ejército Nacional, quien enfrentó su destino con genuino heroísmo, honra, valentía y temeridad.
Su crónica adolece de un gran vacío, pues en ella no figuran los soldados indígenas ni las valerosas rabonas, combatientes extraoficiales de la guerra del Pacífico. No es de extrañar, pues esa era la condición de casta de aquellos ejércitos novecentistas, reflejo de la cultura señorial, patriarcal, racista y elitista. Para ella los indígenas y las mujeres no existían. Tacna bordeaba los 10 000 habitantes y con el Ejército boliviano aumentó a una suma igual "y quizá mayor", dice el cronista refiriéndose implícitamente a las rabonas, mujeres del pueblo que seguían a las tropas del Ejército:
Es una mestiza, baja de estatura, de formas turgentes, facciones incorrectas, tez cobriza, cabellera de ébano, cortada al nivel de la nuca, y de tal modo desgreñada que suele cubrir su rostro pálido, ajado, como el velo de la viudedad, de la inocencia. Allá van cabalgadas en acémilas y asnos, llevando pendientes, tanto por detrás y por delante, como por uno y otro costado, útiles de cocina, comestibles, arreos harapientos de viaje, un niño de pechos a la espalda, un kepi en la cabeza, un fusil en la maleta, una fornitura en la montura o una bayoneta en la mano. (Lemoine[1908],p. 29).
III
La oligarquía chilena aprendió perfectamente las lecciones que le dejó la amarga humillación que le infirió la Confederación Peruano-Boliviana, en la que sufrió notable derrota en Paucarpata, aunque, en mala hora, el magnánimo mariscal Andrés de Santa Cruz perdonó y permitió que la flota enemiga zarpara íntegra rumbo a Chile con todos sus pertrechos. Error que le costaría caro al mariscal, pues la Armada chilena regresó triunfante y fortalecida, obligándole a suscribir el Tratado de Yungay en 1839, dando fin a la Confederación y forzando el exilio del gran estadista de origen aimara. Error histórico para Bolivia y el Perú, pues desde entonces Chile se preparó para la guerra de expansión, adquiriendo pertrechos, dotándose de una escuadra naval, formando un Ejército de línea lo más profesional posible, sin mucho recluta. Planificaron el asalto metódicamente, previniendo cualquier contingencia.
La propiedad del litoral boliviano nunca fue puesta en cuestión por Chile hasta el descubrimiento de importantes depósitos de guano y salitre en el desierto boliviano por los hermanos Latrille con permiso del Gobierno de Bolivia. Desde ese hecho, Chile desarrolló una política de fronteras vivas:
Por Ley del 31 de diciembre de 1842 declara de su propiedad "las guaneras que existen en las costas de Coquimbo, en el litoral del desierto de Atacama y en las islas y lotes adyacentes". En 1846 invade Punta Angamos. En 1853 fuerzas militares ocupan Chancaya, al norte de Mejillones. En noviembre de 1857 vuelve a ocupar Mejillones. En 1863 propone a Bolivia ceder su litoral y sus puertos a cambio del apoyo de Chile para la ocupación por Bolivia del litoral peruano hasta Sama.
El Tratado del 6 de agosto de 1866 cedió a Chile, como límite, el paralelo 24 más la mitad de los productos de guano de Mejillones y de otros que se descubrieran entre los paralelos 24 y 23, la mitad de los derechos de exportación sobre minerales y la libre importación de productos chilenos por Mejillones. Interpretando erróneamente su alcance, otorgó permiso a Melbourne Clark y Cía. para explotar el litoral boliviano, provocando la reacción de Bolivia que rechaza el Tratado de 1866.
La tradición marítima y poderío del Perú se demostró cuando enfrentó con éxito a la Escuadra española en aquella curiosa guerra colonial que culminó el 2 de mayo de 1866 en la épica batalla naval, donde brilló el genio de Mariano Ignacio Prado. La supremacía en el Pacífico detentada por el Perú motivó que Chile se armara. En 1871, Chile encarga en Inglaterra la construcción de dos poderosos buques blindados para alcanzar supremacía naval: el Blanco Encalada y el Cochrane. Alarmado, el Gobierno del Perú receló del armamentismo chileno, afirmando que:
Chile se ha contraído a preparar sus elementos de guerra y fuerza naval, pues no tenía motivo ninguno especial que le aconsejara precaverse de enemigos exteriores. No es pues, arriesgado suponer que tales preparativos hayan tenido una mira hostil y agresiva, cuando no se explican por la necesidad de la defensa (Pardo y Barreda, 1979, p. 23).
Por su parte, el Gobierno de Bolivia promulgó la Ley de 8 de noviembre de 1872 que autoriza al Ejecutivo para solicitar el apoyo del Gobierno del Perú. El análisis del ministro de Relaciones Exteriores del Perú es esclarecedor, pues tenía plena conciencia que:
[...] permitir que la agresión se realizara y que Chile se apoderara de ese territorio de Bolivia, hubiese sido una política suicida. Bolivia abandonada por el Perú, se habría arrojado, sin escrúpulos, en brazos de Chile; y habría tratado de recuperar en el norte, a expensas del Perú, el litoral del cual Chile la despojaba. El dilema era inevitable: o el Perú permitía la conquista chilena, y entonces en un futuro próximo, encontraría aliadas contra él a Chile y Bolivia; o intervenía en defensa de esta última, para obtener un arreglo equitativo que le asegurara su litoral, y entonces corría el riesgo de verse envuelto en un conflicto con Chile (Pardo y Barreda, 1979, p. 22).
Ante lo inevitable, los Gobiernos de Bolivia y Perú suscribieron un Tratado Secreto de Alianza Defensiva para impedir cualquier agresión desde Chile, "deseosos de estrechar de una manera solemne los vínculos que las unen, aumentado así su fuerza y garantizándose recíprocamente ciertos derechos". José de la Riva Agüero, ministro de Relaciones Exteriores y Juan de la Cruz Benavente, enviado extraordinario y ministro Plenipotenciario en el Perú, "obligándose en los términos del presente tratado a defenderse de toda agresión exterior, bien sea de uno u otros estados independientes, o de fuerza sin bandera que no obedezca a ningún poder conocido" (art. 1). El Tratado facultaba a "las altas partes contratantes [..] a suministrar a la que fuese ofendida o agredida, los medios de defensa de que cada una de ellas juzgue poder disponer" (art. 6). Sin embargo, se introduce una especie de "cláusula de fidelidad" al Tratado, por la cual, "declarado el casus foederis, la parte ofendida no podrá celebrar convenios de paz, de tregua o armisticio, sin la concurrencia del aliado que haya tomado parte en la guerra" (art. 7). No obstante, este Tratado privilegiaba el carácter defensivo, pues proponía "ampliar con preferencia, siempre que sea posible, todos los medios conciliatorios para evitar un rompimiento o para terminar la guerra; aunque el rompimiento haya tenido lugar, reputando entre ellos, como el más efectivo, el arbitraje de una tercera potencia"2; es decir, se inhibían de "concluir tratados de límites o de otros arreglos territoriales, sin conocimiento previo de la otra parte contratante"3. Como una necesaria salvaguarda se establece el carácter reservado del Tratado "mientras las dos partes contratantes de común acuerdo, no estimen necesaria su publicación"4.
Como se puede observar, existía un interés genuino del Perú para suscribir el Tratado de Alianza Defensiva, muy diferente a lo que la historiografía tradicional ha señalado; es decir, que Bolivia habría forzado al Perú a suscribirlo.
IV
Al término de la guerra, el historiador peruano Tomás Caivano visitó Bolivia como requisito previo para la publicación de su libro, redactado con un discurso victimizador que caló hondo y marcó impronta en la historiografía de esa época, juzgando con dureza a Bolivia:
Bolivia fue la causa principal o, por lo menos, el pretexto de la guerra del Pacífico; pero su acción poco o nada se dejó sentir en los campos de batalla, no obstante las solemnes promesas que hizo cuando, al principiar el conflicto, vio invadido por sorpresa su territorio de Atacama, y pidió, a título de aliada, el socorro y la protección del Perú. (Caivano, 1977, Vol. 3. T. II, p. 5).
El Ejército nacional, formado para intervenir en la guerra, salió de La Paz a enfrentar su destino. Ese Ejército marchó durante 13 días, cubriendo un itinerario que se mantuvo en secreto, pues los "espías de Chile en La Paz informan que el ejército salía por Puno, pero se llevaron un chasco, al tratar de cortar el paso". El Ejército cubrió el siguiente itinerario: Salida de La Paz (17), pilastra de El Alto (17), Viacha (17), Cantuyo (18), San Andrés de Machaca (20), Santiago de Machaca (21), Chuluncayani (22), Uchusuma (24), Tacora, Tarapalca (25), Pachía (26-28), arribo a Tacna (30).
En plena marcha se fueron sumando nuevas fuerzas. El 18 de abril se les plegó en Cantuyo el Batallón Independencia de Oruro, de 500 plazas, y el 24 de ese mes, en Uchusuma (territorio peruano), el Escuadrón Rifleros de Oruro.
El recibimiento de la alta sociedad, seguida del pueblo de Tacna, fue apoteósico:
Desde el amanecer de hoy afluye la muchedumbre a la calle de la entrada, adelantándose á porfía de encontrar al ejército. A la una p.m. entre una lluvia de mistura, entre vítores y demostraciones de entusiasmo, se presentó con uniforme de Capitán General y presidente de Bolivia el General Hilarión Daza que su militar apostura se atrajo las simpatías del pueblo que lo rodeaba y espectaba. A pocas cuadras de la entrada se elevaba una elegante portada, puesta en honor del ejército boliviano por la colonia boliviana residente en esta. El Almirante Lizandro Montero, la Corte Superior de Justicia y el Concejo Departamental le hicieron los honores de recepción. A las dos de la tarde, el Capitán General ha recibido una comisión compuesta de los señores Carlos Berdecio, Manuel Ma. Abasto, Rufino Tovar y Angel Poveda, en representación de los bolivianos expulsados del Litoral y asilados en esta ciudad.
No fue la única tropa que asistió al campo de honor, pues entre el 2 de mayo y el 30 de junio, continuaron llegando contingentes de todos los rincones de Bolivia, hecho que ignoró Tomás Caivano:
A las tres p.m. del 2 de mayo "ha entrado a esta ciudad el Escuadrón Rifleros, Vanguardia de Cochabamba, de 160 a 200 plazas". El 3 de mayo "se ha formando un nuevo cuerpo de rifleros voluntarios francotiradores dirigidos por el señor Zegada". El 10 "a las dos de la tarde han entrado a esta ciudad [Tacna] el Batallón Olañeta 2° de Cazadores de Chuquisaca y el Escuadrón Rifleros del Luribay". El 19 de mayo:
[...] a las 3 ½ p.m. ha entrado a esta ciudad el Regimiento Libres del Sud 3º de la Legión Boliviana, de 300 plazas y compuesto de los tres Escuadrones de Sucre, Potosí y Camargo. En ellos viene la juventud más distinguida del Sud, que ha hecho la abnegación sublime de abandonar patria y familia para correr vestido con la jerga del soldado tras la defensa nacional.
El 30 de junio "llega por el Alto de Lima, la 4ª División de Cochabamba que se hallaba entre Pachía y Pocollay. Forma 1.600 hombres: Batallón Aroma 1°, 2°, Batallón Viedma 3°, Batallón Padilla 4º de Cochabamba, bajo el comando del Gral. Luciano Alcoreza".
La noticia de la invasión de la patria motivó actos de heroísmo singular que desconoce el autor peruano, como la epopeya del 16 de mayo de 1879, cuando:
[...] siete soldados del Batallón Daza 1° de Granaderos, del Sucre 2° de Granaderos; y del Regimiento Bolívar 1º de Húzares, [que] quedaron enfermos en La Paz, una vez que han podido ponerse en pie, han venido todavía demacrados, han hecho la travesía de La Paz a Tacna, a pie, casi desnudos y a su costa.
Otro acto de heroísmo, pocas veces visto en la historia de las guerras latinoamericanas, fue protagonizado el 13 de octubre, fecha en la que:
[...] entró a Tacna el Escuadrón Velasco de la juventud de Santa Cruz a órdenes del Cnl. Héctor Suárez. Ha hecho cruda campaña de más de tres meses, viniendo desde el Oriente de Bolivia hasta las costas del Pacífico. Se ha terciado en el camino, con el número de muertos y heridos que ha tenido.
Haciendo un paréntesis, debemos afirmar que Santa Cruz y Beni estaban formalmente exentos de acudir al llamado de la patria por ser estas dos regiones las más alejadas de la costa. Aún así, no dubitaron un instante para organizar su fuerza y asistir al llamado de la patria. "Honor a los cruceños!" dice con justa razón el cronista en su Diario.
El historiador peruano ignoró la verdad de estos hechos, pues Bolivia envió su Ejército de línea, al que se sumaron artesanos voluntarios, los repatriados del Litoral y reclutas de la élite nacional, como el Murillo de La Paz, los Libres del Sud de Sucre y Potosí, Vengadores de Colquechaca, Vanguardia de Cochabamba y Velasco de Santa Cruz, que formaron la Legión Boliviana bajo el mando exclusivo del presidente Daza.
La élite de esa época pensaba que el soldado boliviano "salido del bajo pueblo y aun en mucho de la clase indígena, no siempre posee el grado de cultura suficiente para conocer y practicar sus deberes con la patria, a pesar de su arrojo y valor son indiscutibles en los momentos de prueba", ensalzando las virtudes de la tropa llana:
Pero la buena clase artesana que ya conoce y juzga los problemas y luchas políticas, ha vigorizado nuestro ejército alistándose en el. Por eso el ejército de Tarapacá donde hay tres cuerpos de artesanos de La Paz y otro de Chuquisaca, se ha mostrado viril y resuelto, con la resolución del patriota voluntario, no del recluta descontento y lleno de nostalgia.
Ese Ejército de 10 000 hombres, sin embargo, quedó estacionado en Tacna.
V
La crema y nata de Bolivia, agrupada en la Legión Boliviana, no dejó de hacer lo que acostumbraba en sus ciudades de origen: las celebraciones cívicas propias de los círculos literarios. Había un jefe militar de la Legión Boliviana (v.g. El Cnel. Juan José Pérez), pero existía un líder cívico (el ilustre Samuel Velasco Flor, a quien se le confirió el grado de coronel), vicepresidente de la Sociedad Literaria Sucre.
El 13 de junio se celebró el aniversario del nacimiento del mariscal de Ayacucho, "inmortal guerrero y filósofo, Antonio José de Sucre", con "gran iluminación y retreta en el cuartel del Regimiento Libres del Sud 3° de la legión Boliviana". El 15 de julio se celebró la verbena en homenaje a la revolución del 16 de julio, con iluminación y retreta en el cuartel del regimiento Murillo. El 16 de julio se organizó la "función de teatro, lírico literaria, por el Círculo Literario de La Paz, en campaña". En Arica, Montero se festejó el 16 de julio.
El 28 de julio, en ocasión de celebrar la fiesta nacional del Perú, "Daza brindó por el pueblo mártir de Iquique que soportaba más que ningún otro el bandalaje chileno". El 6 de agosto, aniversario de Independencia de Bolivia, el capitán general obsequió Bs 200 a cada uno de los cuerpos de la Legión Boliviana.
El 17 de agosto, inclusive, se autorizó una función de circo de la Compañía Panai: "El cañonazo que disparó el hombre de fierro alborotó al Huáscar, se dice que tocó zafarrancho y se aprestó al combate..".
El 23 de marzo se recordó el primer aniversario de la heroica defensa de Calama. El 17 de abril, "Aniversario de nuestra salida de La Paz. Recuerdo inmortal para nosotros", se celebró con agasajos. El 2 de mayo, en ocasión del "Aniversario del combate del Callao del año 66, se ofreció un almuerzo en casa de Montero".
VI
¿Por qué razón el Ejército de Bolivia se mantuvo inactivo en Tacna?
Ese Ejército no se movió de Tacna por una estrategia definida por el director supremo de guerra, Mariano Prado, y el Alto Mando del Ejército peruano.
La permanencia en Tacna, que parece indefinida dice el cronista no hace más que aniquilar nuestras tropas [..] La vida es carísima en esta ciudad; se ha triplicado el valor de todo y para todo. Tacna decaía en su comercio y ahora parece aprovecharse de nuestra estadía... Entre tanto cada día llega más gente boliviana y se anuncia la llegada de mayores tropas, que han de consumir los fondos de la guerra.
Intuitivamente, la población de Tacna elucubraba en torno a la presencia de la tropa boliviana. El inteligente cronista, en su Diario del 8 de mayo, recoge "...las hablillas que corren, como aquella de que lo único que afanaba al Perú para que el ejército boliviano venga a Tacna, era el peligro que esta ciudad y Arica corrían sin estar guarnecidos por el valor boliviano".
El talante del Alto Mando boliviano era distinto. El 8 de junio, el Gral. Daza escribe al Gral. Mariano Ignacio Prado: "Ojalá [...] inicien pronto una campaña más resuelta y decisiva que la actual, en la que parece que la inacción nos mata". El 9 de julio reitera "la necesidad de emprender de una vez la ofensiva sobre el enemigo con el resto del ejército boliviano". La respuesta de Prado y Montero hizo constar, desembozadamente, que "desocupando el ejército boliviano a Tacna y Arica, este Departamento quedaría expuesto a ser ocupado por el enemigo que se apoderaría de la llave de comunicación entre el Sud y el Norte del Perú y de éste con Bolivia".
Sin embargo, la "lamentable y pasiva residencia en Tacna" provoca la disminución notable de la Legión Boliviana "por las muchas licencias que se solicitan".
Es evidente que los generales peruanos hacen lo imposible para mantener a Daza en Tacna, usando diversas estratagemas:
El director supremo Prado le invita a conferencias secretas en Arica; Montero organiza cacerías en la Isla de Alacranes, "en la barca a vapor Sorata"5. Se le ofrece ágapes y se le entrega obsequios diversos, halagando su vanidad. El 5 de mayo, el Gral. "Montero obsequió a Daza un rifle precioso, sistema Winchester, diciendo que él deseaba que con esa arma derribara muchas cabezas enemigas y coronara la obra de la victoria que el ejército unido ha de realizar bajo sus órdenes". El 20 de mayo, "el Gral. Prado invitó a tomar dos copas: una por el valiente ejército de Bolivia y otra por todo el pueblo, por la nación, por la familia boliviana que le era tan simpática y tan querida, por ver en ella a la hermana nata de la República del Perú". El 20 de septiembre, la Sra. Rosa Elías, esposa del Gral. Montero, le obsequió una pluma de oro "que he destinado al ilustre patricio [que] servirá para firmar los Tratados de Paz con el enemigo común, después de haber castigado sus actos de perfidia, y de hacer triunfar los fueros de la justicia y del derecho...". El Gral. Luis La Puerta, primer vicepresidente del Perú, le entregó el 3 de octubre una "magnífica montura con sus accesorios de obsequio".
VII
¿Fue cobarde y negligente el Ejército de Bolivia en el campo de batalla?
El 1 de noviembre de 1879, el contingente boliviano demuestra su valía cuando la Escuadra chilena, con veinte buques, se presentó en Pisagua para el tan esperado desembarco. Ochoa reproduce el dramático y revelador informe del coronel Granier: "Tres horas de fuego del enemigo aunque han soltado lanchas y botes, no han podido desembarcar. Estamos en el fragor del combate. Han desembarcado diez veces más fuerza que nosotros. Sostenemos nutrido combate. Granier". Continúa el relato del cronista:
A las 2 pm el enemigo ha desembarcado merced a humareda del salitre. Diez a doce mil hombres. Mortandad muy grande ambas partes. Heroico comportamiento de los dos batallones paceños que guarnecían ese puerto. El batallón Vengadores no alcanzó a pelear.
Al día siguiente, el enemigo ocupa Pisagua y "lo declara puerto chileno bautizado como Cochrane". En su informe, el 5 de noviembre, presenta un informe de la batalla. Aquel que leyó a Caivano debe leer a Ochoa:
Noble y heroica conducta de Gral Villamil, jefes, oficiales y tropa del Ejército de Bolivia. Los chilenos han fusilado cobardemente a los prisioneros. Buendía. 8900 rifleros han combatido por siete y media horas contra la escuadra chilena y su ejército. Se ha perdido al comandante Samuel Pareja, al subteniente Ricardo Valle. Capitán Felipe Barra es uno de los héroes de ese combate de leones. Bajó a la playa con su compañía de 80 hombres y se retiró con seis. Incendiaron chilenos el Hospital de Pisagua quemando a enfermos y asesinando personal de la Ambulación inclusive al capellán Canónigo Pérez. Heridos y prisioneros fueron pasados por las armas. Nuestras bajas se calculan en más de 300. Las pérdidas del enemigo en más de mil.
Pisagua fue el detonante para que el grueso del Ejército de Bolivia se pusiera en marcha. El 7 de noviembre, Daza resuelve, "a fin de no enlutar toda Bolivia, que la Legión quede en Arica, llevándose solo 30 hombres de cada cuerpo".
No pasa desapercibido para el cronista la actitud del presidente Mariano Prado, quien el 9 de noviembre arenga a las tropas bolivianas que parten a Tarapacá: "Su ausencia es peligrosa para la Alianza", afirma. "Arica es una fortaleza bien artillada y defendida, mientras que el punto en peligro fue siempre Pisagua y las salitreras".
José Vicente Ochoa tiene una terrible intuición de lo que podrá pasar. Escribe en su bitácora de guerra:
Desde la presente se llevará el Diario con mayor concisión: primero la marcha al Sud por el desierto no nos permitirá llevar relaciones circunstanciadas; segundo los acontecimientos sugieren la idea de juzgarlos con amplia libertad y criterio y en reserva a fin de que el Diario no pueda ser leído ni por el Gral. Daza ni por ningún otro individuo del Estado mayor.

¿Dispuso el Perú el apoyo de su Escuadra para el traslado del Ejército de Bolivia? No. El Ejército se movió por tierra, por el desierto, cuando podía haber sido trasladado por los transportes navales del Perú.
El contingente boliviano salió de Tacna el 8 de noviembre en cuatro trenes expresos hacia Arica, con el Estado Mayor y 2350 hombres distribuidos en los batallones Daza (Colorados) y Sucre, los tres de la división de Cochabamba, el cuerpo de ametralladoras y 100 jóvenes de la Legión Boliviana. Desde Arica, la formidable fuerza avanzó a pie por el desierto. Los batallones de Cochabamba fueron armados con 1500 rifles Remington y Chassepot. El 13 salieron de Chaca a las 7 a.m. A las 12 m del día siguiente llegó a Camarones. Ochoa escribe en su Diario secreto:
La tropa está más agobiada. Varios soldados han muerto por el soroche, cansancio y hambre. El estado de desorganización es muy lamentable". El Gral. Daza escribe a Prado comunicándole que es "pensamiento unánime de nuestros jefes no avanzar más". Ochoa recoge una terrible verdad que desmiente al Gral. Daza: "Lo cual no es cierto. Jefes quieren avanzar al Sud a costa de cualquier sacrificio.
El Diario es revelador del heroísmo del Ejército boliviano, tan denostado por el historiador peruano. Un ejemplo es suficiente para desmitificar la falacia. El Gral. Daza, el 15 de noviembre, se encuentra con el Cnel. Vargas, jefe del valeroso Batallón Independencia, combatiente en Pisagua. "Daza le interrogó: coronel y el batallón? Mi general tenemos 35 hombres incorporados al batallón Victoria, los demás....en el campo de batalla. El Independencia tenía cerca de 300 plazas". La sangre generosa de 265 jóvenes bolivianos regó los arenales del puerto peruano de Pisagua.
El 16 de noviembre, el Escuadrón Coraceros sale a las 6 a.m. con instrucciones de reunirse con el escuadrón peruano de Albarracín para marchar a Tana y jaquear al enemigo, pero las cartas están echadas sobre la mesa: Daza decide la retirada a Tacna.
Leamos a Ochoa:
Con el voto afirmativo de varios jefes de cuerpo se ha tratado de la contramarcha a Arica y se ha resuelto volver a Tacna y quizá hasta La Paz a causa de que se teme una sedición en el ejército. Lo cual no parece ser cierto. La voz categórica y enérgica que se ha levantado en contra de esta humillante resolución ha sido la del coronel Camacho, Don José Rosendo Gutiérrez, el Dr. Salinas y otros.
Daza aparenta contrariedad, dice que habría seguido adelante "siempre que el Gral. Prado hubiera contestado si sería posible suspender el ataque a Pisagua". Ochoa continúa su relato:
La retirada es un hecho, sentimientos de indignación y desconcierto, precursores de grandes contrastes. Quedan el Gral. Daza, cuatro ayudantes, cirujano mayor y el piquete de la legión Boliviana. También quedó el auditor de guerra B. Salinas. Daza se ha quedado diciendo que irá a incorporarse al teatro de la guerra. Mas creemos sea por evitar sus impresiones personales en Arica y Tacna al conducir un ejército en retirada.
El Ejército de Bolivia llega en su marcha desde Camarones a Tacna el 18 de noviembre:
A las 12 y media entramos en Arica. Recibimiento nada cordial. Han llegado hasta el insulto. Ejército peruano en Arica está amunicionado porque se cree que los bolivianos hemos venido en son de combate a tomar Tacna y Arica y realizar así los planes y sugestiones de Chile. [....] Siguen vertiendo calumnias contra Bolivia. Ya se comienza a temer por los bolivianos en estas poblaciones.
Lejos quedó el recuerdo de ese glorioso 30 de abril de 1879 cuando se recibió al Ejército boliviano.
Ochoa afirma que "La verdad es que el Gral. Daza piensa más en volver a Bolivia a afianzar su gobierno antes que cumplir sus sagrados deberes con la patria". No obstante, el 21 de noviembre, Daza comunica por telegrama que el "Ejército aliado ha sido completamente destrozado en combate que se libró en cerros de San Francisco y Dolores donde estaban parapetados los chilenos".
Ochoa tiembla al escribir en su Diario:
El descontento y la irritación contra el Gral. Daza no se ocultan ni por un momento; el ejército de Tarapacá desecho, en completa dispersión, se retira a Bolivia, las fuerzas que tenemos entre Tacna y Arica se hallan rendidas decaídas y desalentadas. Se teme que destrucción del ejército del Sud provoque tanto en Bolivia como en el Perú, movimientos populares de gravedad.
VIII
El más grande héroe naval de la guerra del Pacífico, el contra almirante Miguel Grau, comandó la poderosa Escuadra de blindados del Perú al mando de la nave insignia, el temible Monitor Huáscar, elemento crucial para impedir la invasión de suelo peruano en 1879, apoyado por su flota, entre ellos la Independencia.
El Gobierno de Bolivia fracasó en los intentos de adquirir blindados en la época previa a la guerra, proyecto al que se opuso tenazmente la clase política de esa época, acusada de ser socia de capitalistas chilenos, sobre todo en los negocios mineros de la Compañía Huanchaca y la Compañía Minera de Oruro. Bolivia confiaba en la capacidad diplomática de su Gobierno, pero tenía certeza de acudir a la capacidad ofensiva y defensiva de la flota naval peruana.
Sin embargo, Bolivia tenía un Ejército de tierra cuyo prestigio le hacía temible ante cualquier enemigo. Ese Ejército fue movilizado de inmediato cuando se conoció la infausta noticia de la invasión del litoral boliviano el 14 de febrero de 1879, sin previa declaratoria de guerra.
Los jefes militares de Chile respetaban al Ejército de Bolivia:
Es gente de pelea; y aun cuando generalmente viene mal calzada, es necesario saber que pisando sus ojotas, devoran leguas haciendo jornadas a pie que ningún ejército del mundo puede rendir; y esto sin comodidades, sin tiendas de campaña, casi sin rancho y apenas con la ración indispensable que a cada soldado se reparte antes de emprender una marcha; unas cuantas hojas de coca, un pedazo de "llipta" y unos cuantos granos de maiz tostado. Esto les sobra. El capote europeo es entre ellos artículo de lujo; lo reemplazan con una burda frazada de lana que de día llevan atada a la cintura y un pañuelo al cuello. De noche se colocan la manta o frazada a guisa de poncho.... Y así marchan y marchan atravesando nevadas cordilleras, desfiladeros horribles y las altiplanicies de los Andes con igual seguridad y ligereza que los huanacos y vicuñas. (Vicuña MacKena)
Chile, a la vez, conocía y recelaba del poderío naval del Perú. La Independencia y el Huáscar dominaron el Pacífico sembrando el terror en la Escuadra chilena. La presencia de las naves peruanas y del Ejército de línea de Bolivia era el impedimento para que las tropas chilenas avanzaran sobre territorio peruano. Eso lo sabía muy bien el director general, Mariano Prado, y su Alto Mando.
¿Cuáles fueron, entonces, las razones para la derrota del Ejército aliado? El Diario permite comprender mejor el curso de los acontecimientos que provocaron el desastre militar en la campaña del Pacífico. Extractamos fundamentalmente los siguientes factores:
a) La guerra subterránea desatada por Chile para socavar la Alianza usando intermediarios de Bolivia y otros países.
b) La intención no declarada abiertamente del Perú de mantener al Ejército de línea de Bolivia anclado en Tacna para una defensa de esa ciudad y del puerto de Arica ante la eventualidad de un ataque de la Escuadra chilena.
c) La conducta del Gral. Narcisco Campero, que nunca permitió que la V División que formó en el Sur de Bolivia entre en el conflicto, deambulando por las regiones donde se encontraban las minas de Huanchaca.
d) La falta de capacidad estratégica de los directores supremos del Ejército aliado que, al ver socavado sus regímenes, rehuyeron de asumir sus responsabilidades al frente de los contingentes: ni Daza ni Prado comandaron las tropas.
e) La desorganización y caos político en el que estaba sumido el Perú y Bolivia.
Hábilmente, el presidente Aníbal Pinto y la diplomacia de Chile socavaron las fundaciones de la Alianza con una guerra subterránea de rumores con el objetivo esencial de apartar a Bolivia de la guerra y usarla como dique de contención para el futuro. La estrategia chilena pretendía dominar al Perú, someterlo y poner una cuña mediante un acuerdo subterráneo de paz con Bolivia. El plan del presidente Anibal Pinto y el ministro "guerrero" Domingo Santa María era seducir al presidente Daza, a quien envió tres emisarios-mediadores: Justiniano Sotomayor, ciudadano chileno particular; Gabriel René Moreno, ciudadano boliviano (ingenuo patriota que cayó en la oscura trama que se le tejió) y el Sr. Newton Pettis, delegado norteamericano con amplios poderes para mediar en el conflicto. Dos naciones más intercedieron como mediadoras: el Gral. Urbina del Ecuador y los Estados Unidos de Colombia que trajinaron febrilmente en vapores neutrales entre Santiago y Tacna con conferencias reservadas con el presidente de Chile y el capitán general del Ejército de Bolivia, el general Hilarión Daza, de las que fue testigo a distancia el joven cronista Ochoa.
¿Cuáles eran las bases chilenas? Domingo Santa María propuso:
1.º Cesa la guerra entre las dos Repúblicas y los Ejércitos de ambos se considerarán en adelante como aliados en la guerra contra el Perú.
2.º Bolivia reconoce como de la exclusiva propiedad de Chile todo el territorio comprendido entre los paralelos 23 y 24.
3.º Bolivia retendrá una parte del territorio peruano. Chile le prestará la más eficaz ayuda.
4.º Chile proporcionará armas, dinero y demás elementos necesarios para la mejor organización y servicio de su Ejército.
5.º Vencido el Perú y estipulada la paz, Chile respetará todas las concesiones territoriales que el Perú haga a Bolivia o que esta imponga a aquel.
6.º Chile dejará a Bolivia todo el armamento que estime necesario para el servicio de su Ejército y para mantener en seguridad el territorio que se le haya cedido por el Perú.
7.º La indemnización de guerra que el Perú haya de pagar a Chile habrá de garantirse con la explotación de los salitres del departamento de Tarapacá y los guanos y demás sustancias que en el mismo pueden encontrarse. (Moreno)
¡Se le pedía al presidente de Bolivia traicionar al Perú, su aliado! Al capitán general de Bolivia se le pedía que el Ejército acantonado en Tacna se convirtiera en uno de ocupación, dar el golpe artero, el sablazo por la espalda y ceder el litoral boliviano; es decir, los grados 23 y 24 a cambio de Tarapacá, Tacna y Arica.
El Diario apunta el 20 de abril:" Justiniano Sotomayor,6 plantea que Bolivia renuncie a la alianza del Perú, aceptando la de Chile, para que Bolivia conquiste puertos propios como Mollendo y Arica con el auxilio de Chile". El 7 de junio, "a las 11 a.m. se ha presentado al Capitán General a ofrecer sus servicios el Sr. Gabriel René Moreno, ex director del Instituto Nacional de Santiago de Chile, quien ha abandonado ese país por hallarse en guerra con su patria Bolivia". El 14 de junio, el presidente de la Sociedad de la Paz Universal se dirige al Gral. Daza, ofreciendo "la mediación del Presidente de los Estados Unidos de Norte América para el arreglo por las vías pacíficas del presente conflicto entre Bolivia, el Perú y Chile". El Gral. Daza responde que "aceptaría la mediación siempre que Chile se obligase a satisfacer los daños y perjuicios que ha sufrido la integridad nacional". Luego de esa mediación extraoficial, el 22 de agosto Newton Pettis inicia la misión oficial en nombre de Estados Unidos:
A las 12.30 pm el Secretario General Reyes Ortiz acompañado por el Jefe de Sección intérprete José E. de Guerra visitan al Ministro Pettis. Luego de tres horas. Propone el gobierno de Chile: 1. Que el ejército boliviano se retire a Bolivia y que Antofagasta siga ocupado por Chile, mientras dure el arbitraje. 2. Que Bolivia se apodere de toda la costa peruana que le es limítrofe, que Chile coadyuvará al efecto, pagándole los gastos que haya hecho y quedándose por supuesto con Antofagasta. Se muestra desnuda la ambición de Chile. Quiere alucinarnos con un fingido arbitraje mientras ocupe Tarapacá y en seguida batir en de tal al Perú y Bolivia. Bolivia ha comprendido que su gloria y su honor están en mantener firme e indisoluble la unión entre las dos naciones.
El Diario revela la inicua trampa que se le tendió al ilustre Moreno, en su registro correspondiente al 11 de septiembre:
Boletín de Guerra No. 18 del Ejército Boliviano. Dos documentos oficiales de la cancillería chilena, de los que fue portador en junio último el Sr. Gabriel René Moreno, no se publicaron porque fueron remitidos al Gobierno de Argentina para en esa nación conozcan las criminales doctrinas e infames pretensiones de la política del Mapocho. Carta poder del Ministro de Relaciones Exteriores Domingo Santa María a don Gabriel René Moreno para que éste a nombre de Chile haga el arreglo de paz con Bolivia. Son siete las bases, todas ellas son la repetición de las proposiciones que hizo a Daza Justiniano Sotomayor con carácter de particular. Alianza ofensiva contra el Perú, apropiación de Bolivia del Litoral peruano y cesión a Chile del reivindicado por él.
Daza, a nombre de Bolivia, "protestó con la mayor energía contra el infame insulto que le hizo Chile y remitió inmediatamente copia al Presidente del Perú", buscando aplacar la susceptibilidad generalizada de la clase política y militar del Perú.
En esa ocasión, el cronista escribió con sinceridad: "Bolivia se levanta a mucha altura", pero fue la meditada y pérfida conspiración del Gral. Daza que convirtió al ingenuo patriota Moreno en traidor de la patria.
Para otros historiadores, la decisión de Daza de negar la suscripción de un pacto con Chile fue una decisión errónea, pues Bolivia no tenía nada que ganar con una victoria siendo aliada del Perú, ya que si los aliados ganaban la guerra era muy dudoso que Perú pagara los costos de guerra. En cambio, Chile ofrecía a Bolivia su ayuda para ocupar Arica, considerada como el acceso natural de Bolivia al mar (Phillips, 1973). Sin embargo, para este autor, la actitud de Daza no era sinónimo de patriotismo, pues -citando a Fellman Velarde- afirma que "Daza usó la propuesta chilena para conseguir más concesiones del Perú".
IX
La pérdida de la Esmeralda por Chile fue seguida de una airada reacción social en Santiago, provocando un verdadero cisma.
Sin embargo, la pérdida de la Independencia, al encallar luego de una escaramuza al perseguir a la Covadonga, y la posterior caída del Huáscar, con la muerte de Miguel Grau, tuvo efectos de cataclismo en el Perú y Bolivia. Rodaron las cabezas de los supremos directores de guerra del Ejército aliado. El 27 de octubre, el Gral. La Puerta y el Gral. Prado cayeron enfermos. Este se embarcó a Lima, donde llega el 30 de noviembre. Daza trató de sostener su régimen, ordenando "someter a juicio a todos los jefes que han estado en la toma de Pisagua y el desastre de San Francisco". El general Buendía declara que "los únicos responsables del desastre son los jefes peruanos Belisario Suárez y Dávila, por haber precipitado el ataque temiendo que el Gral. Daza y su ejército fueran los héroes de la jornada". El 27 de noviembre estalla un movimiento en La Paz para derrocar a Daza, encabezado por Daniel Núñez del Prado, presidente de la municipalidad. El 19 de diciembre Prado viaja a Europa, hecho que "causa grandes agitaciones en Lima donde se tienen el convencimiento de que es una fuga disimulada con el pretexto de ir a comprar blindados". El 23, estalla una revolución en Lima a favor de Nicolás de Piérola que es proclamado jefe supremo del Perú. El 25 de diciembre, Daza ha comenzado a dar de baja y conceder licencia a cuanto la pidan, "dice que por falta de recursos. Sin embargo los hay para fiestas privadas. Quizá lo que se quiere es separar del ejército a todo el que es sospechoso", escribe Ochoa.
El 27, Daza marcha a Arica
[..] a combinar y fijar su marcha a Bolivia con el Gral. Montero. A las 2 de la tarde el Regimiento Murillo dirigido por [el Cnl. Eliodoro] Camacho ha tomado el parque y consumado la revolución contra Daza. El Regimiento Daza [Colorados] desprovisto de municiones ha tenido que someterse. El Cnl. Camacho comandante General del Ejército y Belisario Salinas secretario General.
Ese día, el Gral. Daza ya estaba en el tren a Tacna "cuando conoció por un mensaje del Contra Almirante Montero, todo lo acontecido. Daza ha recibido un serio inocente...". Daza se asila en la casa del cónsul de Estados Unidos en Arica. El 7 de enero se marcha de Arica al norte "porque dice que los buques neutrales no quisieron recibirlo a bordo". No se atreve a llevarse la medalla presidencial de Bolivia y la deja en poder del cónsul francés. El tren ha formado un largo convoy llenecito de gente que emigra de Arica. El 28 de febrero, el prefecto de Arequipa notifica a Daza "que desocupe la ciudad y que puede marcharse a Lima".
El 20 de enero, el Gral. Campero acepta la presidencia de Bolivia y nombra a don Ladislao Cabrera secretario general. El 4 de abril, Manuel J. Chirveches "marcha a nuestro país comisionado de entregar medalla nacional de Bolivia al Gral. Campero".
El 19 de abril, el Gral. Campero llega a Tacna acompañado por el Plenipotenciario peruano Enrique Bustamante, dejando en La Paz a don Ladislao Cabrera. "Todas las bandas de ambos ejércitos le han dado dianas. Su presencia ha infundido fe y entusiasmo al Ejército y pueblo de Tacna. Se reconoce a Campero como 1° Supremo Director de la Guerra en cumplimiento de lo acordado en el Protocolo de la Alianza", relata el Diario.
X
El Ejército y la Escuadra de Chile no pudieron vencer la resistencia del Ejército aliado mientras el Perú mantuvo el poderío naval. La pérdida del Huáscar, ocurrida el 8 de octubre, cambió la suerte de la guerra.
Ochoa escribió en su Diario: "El Huáscar se ha perdido! Oh! Fatalidad! Es imposible!" La unión confirmó que el Huáscar fue cercado en Mejillones, Grau había muerto el miércoles 8 de 9 a 11 a.m.
Solo entonces, Chile pudo ordenar a su Ejército embarcar en su poderosa Escuadra, a la que pronto sumaría al legendario Huáscar. La toma de Pisagua abrió la provincia de Tarapacá.
Al poco tiempo, el Huáscar fue empleado en los bloqueos y bombardeos de los puertos peruanos. Junto al Magallanes, el 27 de febrero de 1880, "han roto sus cañones contra Arica, por una hora poco más o menos. Varias casas se han quemado. Un muerto y 5 heridos". Los marinos peruanos logran proezas sin nombre. "El 17 de marzo la corbeta "La Unión" rompe el bloqueo y desembarca vituallas en Arica. El 8 de mayo, el vapor Pizarro penetra al Callao conduciendo 10.000 rifles para el Perú".
La situación económica es dramática. El 29 de febrero, la Comisaría del Ejército de Bolivia recibe "40.000 soles de plata que han venido de Lima, por la subvención acordada en el Protocolo de la Alianza", pero el 20 de marzo "nuestra comisaría ha prestado 20.000 soles a las del Ejército peruano". El coronel Juan Granier ha llegado de La Paz trayendo 30 000 soles para el Ejército. En abril de 1880, "se agita el comercio de esta ciudad a causa de haberle pedido la autoridad departamental la suscripción de un empréstito de 100.000 soles".
El Ejército peruano estaba apestado de tercianas, "tiene muchas bajas", afirma el Diario. "Se quisieron sublevar los batallones peruanos Victoria y Canevaro. Nuestro ejército mejor disciplinado", concluye. El Ejército aliado buscaba reorganizarse desesperadamente. El 9 de abril los Batallones Chorolque, Grau, Tarijay el Escuadrón Guías salen de La Paz al mando del Gral. Acosta y llegan el 13 a Pachia. El 17, coincidiendo con el aniversario de la salida del Ejército de línea, "a la 1 pm ha entrado la V División al mando del Gral. Acosta. Entusiasmo de este pueblo bien marcado". El 29 de abril, "los batallones Grau y Tarija, marchan a Arica con objeto que conozcan el mar". En mayo, la falta de agua y de forraje en Arica era evidente, lo que obligaba a trasladarse a Tacna para ese fin. La situación económica del Ejército aliado era insostenible:
Se hace más difícil la aceptación del billete de Lima, del que vive el Ejército peruano. Cada sol en billete se recibe apenas por 20 centavos. El banco de Tacna ha cerrado sus puertas. La comisaría del Ejército peruano no puede conseguir en Tacna ni 500 soles prestados.
En el Ejército de Chile se producen cambios. Desde el 1 de mayo se releva al Gral. Erasmo Escala del mando del Ejército chileno por el Gral. Baquedano. Se envía una fuerza chilena a los minerales de Huanchaca, lo que obliga a enviar hacia ese punto a la VI División (Batallón Ayacucho, Calama, Reconquista y Escuadrón de Caballería Abaroa). Una hábil maniobra para obligar a crear dos frentes. El Ejército chileno ha reunido 12 000 hombres artillados con 50 cañones Krups, 20 ametralladoras y una fuerza de caballería de 600 a 700 piezas. El 22 de mayo, bombardean las posiciones aliadas:
Murió el joven Aurelio Soria, riflero del Vanguardia de Cochabamba: una bomba le llevó los hígados y Soria no dijo más que cura... Una de las bombas chilenas cae junto a una rabona boliviana sin estallar. Esta se levanta y grita: Viva la Alianza! Campero recorre la línea. Los soldados enfermos han abandonado los hospitales de Tacna y vienen a incorporarse a sus cuerpos. Paisanos vienen de Tacna a pedir un puesto de combate.
El 26 de mayo se ha divisado a todo el Ejército chileno que, formando su línea de combate, avanza resueltamente en dirección al Ejército aliado:
Poco después de las 10 de la mañana principia el enemigo a soltar sus bombas y a descargar toda su artillería. El verdadero combate ha comenzado. Son las 7 de la noche.- Estamos en dispersión y retirada a Bolivia. La suerte de las armas no ha sido adversa! Nuestro costado izquierdo ha resistido al empuje principal y ha quedado totalmente deshecho. Han sido heridos de gravedad el Gral. Camacho, en la ingle, el General Pérez en la frente y los jefes Ravelo, Murguía, Melchor Gonzáles y Adolfo Palacios. A nosotros no nos queda más que emprender viaje a nuestra desgraciada patria.
Colofón
La batalla de Tacna (bautizada por Chile como la batalla del Alto de la Alianza) fue el final de la presencia boliviana en la guerra. A partir de ese hecho bélico Chile avanzó hasta ocupar Lima, donde enfrentó a las valientes guerrillas del comandante Avelino Cáceres.
En esa campaña destacó un militar boliviano a quien, en mayo de 1879, Daza "ha puesto a órdenes del Contraalmirante Montero, como ayudante de las baterías de Arica". Se trataba del teniente coronel José Manuel Pando. En septiembre, cuando llegaron al Callao "los magníficos cañones Krupp y ametralladoras de última invención de Alemana compra hecha por Bolivia", Daza dispuso que sean atendidos por el Cnel. José Manuel Pando "que ha completado sus conocimientos prácticos en los cinco meses que pasó como ayudante del Gral. Montero".
Sin embargo, en marzo de 1880, Pando lanza su proyecto político consistente en "echar las bases de un partido impersonal [radical] que sirva en adelante a nuestro país de dique a las tiranías y valla a las demagogias", partido radical que "se convierte en secreto por contrariedades de sus gerentes al discutirse el Programa, habiendo algunos han iniciado la idea que se abrace abiertamente la federación". Allí se sentaron las bases de la futura revolución federal que cambiaría el curso de la historia de Bolivia.
39 años más tarde, en Santiago de Chile, el 22 de enero de 1919, se publicó el siguiente aviso en la edición 739 de La Nación:
Remate del "Huáscar" en el parque Cousiño. Jueves 23 de enero a las 10 horas. Se procederá al remate de la construcción del "Monitor Huascar", de la laguna del Parque Cousiño, por cuenta de la institución de beneficencia "Sociedad de Señoras, Protección a la Niñez", ante el martillero público y de hacienda, don Enrique Mandiola. Nota.- Las ofertas pueden ser por la construcción total o parcial. El remate se efectuará a bordo del "Huascar". 23ª.
El Huáscar, el célebre monitor, buque insignia de la marina naval del Perú, navío que sembró el terror en la Escuadra chilena y cuya captura fue el elemento circunstancial que precipitó el curso de la guerra, tuvo ese triste final, desguazado, arrancando de cuajo de la memoria histórica que recogió la epopeya de sus triunfos en el Pacífico.
La oligarquía chilena jamás le perdonó al Huáscar la humillación que le ocasionó durante su regio reinado.
Notas
* Magíster Scientiarum en Historias Andinas y Amazónicas. Jefe de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional. Docente titular de la carrera de Historia.
1. Alcázar afirma: "habiendo desde niño mostrado a sus padres señales de una clara y brillante inteligencia", op.cit.: 417.
2. Artículo 8, inciso 2.
3. Artículo 8, inciso 3.
4. Versión facsimilar impresa por José Pardo y Barreda, op. Cit.
5. El Diario revela que "esta embarcación vino desarmada del Titicaca y se ha echado a bogar en Mollendo, en las aguas del gran Océano".
6. Ingeniero, excónsul de Chile en Corocoro. Amigo personal del presidente Daza, le escribió el 8 de abril afirmando que Chile era el único país que podía liberar a Bolivia del yugo peruano y ayudarla a transformarse en una gran nación, asegurando sus puertos naturales: Arica, Ilo, Mollonedo o Islay, todos de propiedad del Perú. (Phillips, 1973:113).
Bibliografía
ALCÁZAR, M. (1920): Hombres célebres de Bolivia. La Paz, González y Medina Editores. [ Links ]
LEMOINE [1908]: 29. PARDO Y BARREDA, J. (1979): Historia del Tratado “secreto” de Alianza defensiva entre el Perú y Bolivia. Lima, Editorial Milla Batres, pp. 23.
CAIVANO, T. (1977): Historia de la guerra de América entre Chile, Perú y Bolivia. Callao, Lima, Museo Naval,. Serie: Biblioteca del Oficial, Vol. 3. T. II, p. 5. [ Links ]
MORENO, Gabriel René (): Daza y las bases chilenas. La Paz, [ Links ]
PHILLIPS, R. S. (1973): Bolivia in the war of the Pacific, 1879-1884. University of Virginia, Ph.D. Disertation: 120. [ Links ]
Recepción: 20 de octubre de 2018
Aprobación: 3 de marzo de 2019
Publicación: Junio de 2019











