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Fuentes, Revista de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional
Print version ISSN 1997-4485
Rev. Fuent. Cong. vol.12 no.56 La Paz June 2018
HOMENAJES Y EFEMÉRIDES
Arnaldo Lijerón Casanovas (1947-2017) al rescate de la cultura y la historia indígena beniana
Juan Carlos Zambrana Vaca*
*Periodista. E-mail: patujuca1@hotmail.com
Recepción: 31 de mayo de 2018 Aprobación: 4 de junio de 2018 Publicación: junio de 2018
Nació en Trinidad, 4 de octubre de 1936. Falleció en la misma ciudad, el 3 de mayo. Fue delegado de Límites de la Gobernación del Beni. Estudió en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Técnica de Oruro. Siendo director del Programa Especial Minero del Noreste Boliviano, hizo contratar al Batallón 4° Ingeniería "Alto de la Alianza", para la reconstrucción del camino de Guayaramerín a Cachuela Esperanza, con financiamiento de la Corporación Minera de Bolivia (1968), hecho sobre el cual organizó y conservó un archivo fotográfico. Rescató del fuego el tercer mapa oficial de Bolivia de 1934, constituyendo en la actualidad uno de los más importantes que incluye el territorio del Beni. Fue testigo de la gran sequía de 1968 que asoló a Cachuela Esperanza. Su padre, Antonio Dávalos Ortiz (1888-1965) fotógrafo de oficio, documentó la vida social del Beni (1912-1966) y registró en su cámara fotográfica el desarrollo urbano de la ciudad de Trinidad en 1938. Hizo el recorrido de Trinidad a Perotó, Provincia Marbán, municipio de San Andrés (1940), documentando fotográficamente la experiencia de los navegantes de los grandes ríos del Beni. Formó un archivo de 700 fotografías de las cuales se han logrado recuperar 350. Sus fotografías más importante son las de Lancha "Mojos", el tren de Nicolás Suárez, uno de los primeros que llegó al Beni; el Río Yavé; las bolachas de goma en el Río Yata, que heredó Francisco Dávalos y estaba bajo su custodia. Era amigo personal de la Biblioteca y Archivo Histórico del Congreso (hoy Asamblea Legislativa Plurinacional), que auspició su conferencia sobre "Prevención de desastres naturales: inundaciones en el Beni" (16 de mayo de 2007). Por su importancia innegable, el texto fue publicado en el boletín Fuentes del Congreso (N. 9, junio de 2007: 136-140). Figura (junto a su padre), en el Diccionario Biográfico de Archivistas de Bolivia (segunda edición, p. 241). Paz en su tumba y resignación por este patriota, defensor de los límites del departamento del Beni.
Pocos benianos han tenido una vida tan fecunda y multifacética como Arnaldo Lijerón Casanovas. Nacido en Trinidad un 16 de julio de 1947, en plena inundación y el mismo día de la festividad de El Carmen, el pueblo trinitario le puso el apodo de Melo (por Carmelo). Esa fue su característica más extraordinaria, su nexo sincero y leal con su pueblo, con el pueblo beniano. Aunque fue un estudioso de la historia y la cultura, y por ello dedicaba largas horas a escarbar en archivos o a preparar conferencias, nunca perdió la ligazón con la gente sencilla, especialmente con los pueblos indígenas. En este artículo queremos rendir un homenaje a ese incansable escritor que durante toda su vida trabajó por el rescate de la cultura regional del Beni.

Cuando llegó de Trinidad a la Escuela Nacional de Maestros en Sucre, en 1967, para estudiar Literatura y Sicología, su margen histórico cultural estaba marcado por los libros de Antonio Díaz Villamil (1936), Enrique Finot Franco (1946), Porfirio Díaz Machicao (1955), José D. Mesa (1958), entre muchos otros. La enseñanza que había recibido en el Colegio Nacional 6 de Agosto se basó en esa producción andina y también en novelas históricas, historia política y de formación cívica de esos mismos autores y de otros, como Augusto Céspedes y Alipio Valencia Vega, legitimados como textos oficiales en todo el país.
La excepción a los textos educativos producidos por la pléyade cultural andina que marcaron la cultura de la juventud boliviana hasta entrada la segunda mitad del Siglo XX fue Gabriel René Moreno. Prácticamente desconocidos eran la Reconstitución histórica y geográfica del Beni de Fabián Vaca Chávez (1925) y Los gobernadores de Mojos de Manuel Limpias Saucedo (1942).
Los estudiantes benianos sabían lo mismo que sus contemporáneos de la región andina, es decir la historia del Alto Perú, y poco, muy poco, de lo sucedido en el suelo amazónico.
1. Demanda pedagógica
Arnaldo Lijerón Casanovas se dio cuenta de la ausencia de un texto propio en las unidades educativas del Beni, para rebelarse contra el sistema y empezar su tarea de investigar y divulgar los hechos de las generaciones anteriores. Al regresar de Sucre, donde se graduó como mejor alumno en la carrera de Filosofía y Sicología, de la Escuela Nacional de Maestros (1971), el nuevo "profe" dio continuidad a su energía en la actividad cívica. Empezó su andar pedagógico como lo había vivido durante su etapa adolescente, que lo había llevado antes a la Federación de Estudiantes de Secundaria y, en esa condición, fue parte del comité que logró la creación de la universidad beniana. La causalidad hizo que terminara su paso por la vida, precisamente, en la Universidad Autónoma del Beni, donde ejerció como Asesor Cultural hasta que la enfermedad lo venció hace un año.
En un congreso de la Federación de Maestros Urbanos del Beni, convenció a sus colegas de la necesidad de ofrecer una visión histórica propia a los estudiantes, y consiguió que se apruebe una resolución para crear un instituto dedicado a la elaboración de textos nuevos para la educación en el Departamento. El documento fue uno de los primeros fiascos para nuestro personaje, como lo dijo en reiteradas ocasiones, porque la organización sindical del magisterio no acompañó, en ningún grado, la aspiración de Lijerón ni la de otros pocos maestros interesados en el pasado de la cultura regional.
La incesante búsqueda de lo pasado lo llevó al Centro de Investigación y Documentación para el Desarrollo del Beni (CIDDEBENI), donde encontró una puerta al despliegue de lo que sería la realización más tangible de su propósito fundamental. En la década de los años 80, la corriente indígena continental llegó a Bolivia y se concretó en la creación de la Confederación de Pueblos Indígenas del Oriente (CIDOB). De esa manera, surge un proyecto de investigación sobre la ubicación de los pueblos nativos del Beni, que CIDDEBENI canaliza con un equipo liderado con la socióloga Zulema Lehm Ardaya, Arnaldo Lijerón y el indígena trinitario Lorenzo Vare, entre 1987 y 1988. En el desarrollo de la investigación, fue el encargado de registrar las características de las culturas de cada comunidad que visitaron en la región sur central del Departamento del Beni.
Lehm subraya el papel de "gran conocedor" de la cultura mojeña que tenía Lijerón. "No conocí persona que conozca más sobre las expresiones culturales en detalle, [característica] que admiré mucho en Arnaldo", precisó al recordar a su compañero de trabajo. Citó el caso de la visita que hizo el grupo a las comunidades de los buscadores de la Loma Santa, en la región del río Plantota, adonde llegaron en la época de carnaval. Explica que los indígenas no celebran el carnaval occidental sino que realizan ceremonias correspondientes la cuaresma católica. En ese lugar, Arnaldo "identificó un son (musical) y tipo de baile que no se había escuchado nunca, (que) sólo era conservada en ese lugar". Recordó, además, que "todo lo que recogía y recuperaba (de los viajes) lo transmitía en Sache Mojos", el programa de radio, para entonces ya muy escuchado en la población nativa. "Todo el mundo estaba escuchando el (programa, cada) sábado. Eso hacía que la gente en las comunidades sintiera valorada su cultura", puntualiza la investigadora al aquilatar el papel de la comunicación.

Como el proyecto exigía, el grupo investigador pasaba varios días y hasta semanas en diferentes comunidades. Por eso, muchas veces, el "profe" dejaba grabada su voz y el controlista de la emisora ya sabía lo que tenía que intercalar con sonido. De esa manera, su ausencia sólo era notoria en su familia. Cuando llegaron a Santísima Trinidad, en pleno corazón del TIPNIS y homónima de la capital, el Capitán Grande del Cabildo de ese lugar era Rubén Yuco Nocopuyero, actual corregidor de Trinidad.
Antes de contestar a la primera pregunta, Yuco lagrimea al recordar a su amigo. "Hay muchas cosas y actividades de trabajo que recordar de Arnaldo", dice. Cuenta que, al iniciar su trabajo de colectar las particularidades de las costumbres locales, "se emocionó con lo que vio, porque todavía las danzas continuaban en vivo y se hablaba el idioma mojeño". Complementa el recuerdo de Zulema Lehm por las "cosas que ignoraban" los investigadores sobre la vida de los pueblos indígenas de pleno centro geográfico de Bolivia.
Allí vieron las danzas 'japutuqui', y 'el sol', que no se habían visto hasta entonces en la ciudad. Según el Corregidor, Lijerón "se metió con fuerza" en la intrincada cultura indígena, a la que "nunca le negamos nada".Yuco relata que cuando la grabadora del inquieto maestro registró el sonido de su violín y él mismo lo pudo escuchar en el programa de radio al siguiente sábado, quedó convencido de la importancia de contar con este tipo de apoyo externo para su pueblo. Al sintonizar Radio Trópico y escuchar que "el violín sonaba, [sabía que] ese era Rubén en Sache Mojos" dice orgulloso. "Siempre nos decía que continuemos con [el uso de] la lengua materna", porque insistía en "que no se tenga vergüenza en presentar las costumbres en idioma propio, sino que hay que meterle con fuerza, porque es la identidad del pueblo". El Corregidor expresa satisfacción por el cambio producido en la sociedad blanca, particularmente en el paso del menosprecio anterior al respeto actual. Antes de ese proceso, muchas personas de la ciudad tildaban de flojos a los indígenas. "Ahora hay más respeto", apunta complacido.
Yuco también subrayó la faceta humana del investigador carayana, al agradecer el apoyo que recibieron de Lijerón, cuando en variadas ocasiones, al llegar a la ciudad para realizar gestiones, incluso recibieron alojamiento en su casa.
Lehm indica que, como producto del diagnóstico de la realidad indígena mojeña, entre sus habitantes "fue creciendo una conciencia sobre el derecho a la tierra y al territorio", que se transformó en una demanda casi inmediata: "No era una persona de ningún caso que se hubiese quedado en el lamento de los pobres que se habían quedado sin tierra, sino que invocaba a la acción".

De su ex compañero de trabajo, la socióloga afirmó: "Tenía un don didáctico y también un carisma desarrollado desde su propia habilidad para interpelar en aquellos problemas identificados", en clara referencia a la falta de un espacio para desarrollar sus actividades ancestrales que estaban identificando en esos momentos. Para esa fecha, ya existía la Confederación de Pueblos Indígenas del Oriente (CIDOB) y las comunidades nativas del Beni ya habían creado la Central de Cabildos Indigenales Mojeños (CCIM), que luego fuera transformada en la actual Central de Pueblos Indígenas del Beni (CPIB), que ya agrupa a las organizaciones de todo el departamento. Con esa fortaleza institucional, la demanda por tierra se expresó en la denominada Marcha por el Territorio y la Dignidad, que los pueblos de las zonas bajas realizaron en 1990, recorriendo la distancia entre Trinidad y La Paz.
Según Yuco, Lijerón acompañó a quienes había conocido en la etapa de registro comunal, de manera muy sincera. "No era un asesor, pero [nos] apoyaba y nos advertía" sobre lo que creía que era riesgoso, por su conocimiento de la sociedad carayana y sus personajes.
En la caminata, desempeñó varias funciones, pues también era parte de la Coordinadora Beniana de Solidaridad con los Pueblos Indígenas, creada por varias instituciones para brindar apoyo a la manifestación. En la presentación de su crónica sobre la marcha de CIDDEBENI, titulada De la resistencia pacífica a la interpelación histórica, dice Lehm que Lijerón "participó como uno más de los marchistas, un hombre de la educación ligado a las luchas sociales".
En su versión, con la confianza generada en la visita a las comunidades tres años antes, relata desde dentro la preparación, el desarrollo y el desenlace de lo que se convirtió en una de las gestas más influyentes de la sociedad boliviana, que doblegó al gobierno de la coalición del MIR y ADN encabezado por Jaime Paz Zamora. Fue uno de los que estuvo detrás de los asientos de Tomás Ticuazu, Marcial Fabricano, Ernesto Noe y Antonio Coseruna, cuando Paz Zamora se vio obligado -junto a todo su gabinete y jefes militares- a bajar de La Paz a Yungas e instalar una mesa de diálogo en pleno camino, donde intentó convencer a los marchistas a aceptar una negociación y regresar a sus pueblos.
La crónica señala que en la reunión en Yolosa, con todos los marchistas expectantes, "el Presidente de la República admitía que en el bosque de Chimanes las cosas no andaban bien con las empresas madereras y su burlado plan de manejo, y era necesario suspender dicha explotación hasta que se ajusten las condiciones". En La Paz, Lijerón es uno de los elegidos por la cúpula de la CPIB para discutir los términos de un acuerdo preliminar, que después de tres días fue modificado y aprobado.
2. Textos históricos
Casi una década después de la marcha indígena y varios años de pesquisa propia, Arnaldo Lijerón formuló Mojos-Beni, introducción a la historia amazónica (1998), su primer texto de corte educativo en el que ratifica su intención de "motivar una creciente afirmación de nuestra identidad cultural mojeño amazónica, a partir del protagonismo histórico del hombre y de la mujer de esta región de la patria". El libro es compatible con su conocido apego al movimiento indígena, que desplegó antes, durante y después de la Marcha por el Territorio y la Dignidad (1990). Este texto "desea constituirse en un instrumento de información y acaso de inyección intelectual y ética para estudiantes, colegas y lectores del Beni, y también de Bolivia, en aras de conocer, comprender y vivir -cada vez con mayor plenitud-nuestra república multiétnica y pluricultural, desde la perspectiva amazónica".
Afirmó que estaba presentando una "visión integral aunque resumida" del Beni y que se trataba "de un esfuerzo preliminar", que posteriormente se convertiría en un manual. "Es apenas un pequeño texto de consulta, pero cargado de una sincera invocación para motivar una creciente afirmación de nuestra identidad cultural mojeño amazónica, a partir del protagonismo histórico del hombre y la mujer de esta región de la patria", explicaba.
Un segundo texto vio la luz editorial en 2011, con la Historia de la Ciudad Santísima Trinidad, en trabajo conjunto con Rodolfo Pinto Parada. La obra vincula la actividad humana que se realizó aproximadamente desde el año 850 a.C. en el territorio del actual Departamento del Beni con las características geográficas de la región amazónica, donde es frecuente el fenómeno de la inundación. "Es indispensable que hagamos un vuelo panorámico del espléndido proceso histórico que desarrollaron nuestros antepasados, diseñando y construyendo las gigantescas obras hidráulicas de lomas, terraplenes, canales, lagunas y camellones, con la riquísima gama de cerámicas que se halla en las lomas, especialmente, porque aquello es un patrimonio cultural que va más allá de lo urbano y se extiende por doquiera a toda la llanura departamental", dicen los autores al comenzar.
3. Labor biográfica
En su incesante búsqueda intelectual, que duró casi cinco décadas, Arnaldo Lijerón fue un notable biógrafo.
Escribió la historia de algunos personajes de tallas y genios muy diferentes.
La primera, en 1992, hace una Aproximación a la vida y obra cultural de Félix Sattori Román, mezcla de periodista, maestro y poeta, nacido en 1893 en Trinidad y fallecido en 1975, en Santa Cruz. El autor dice que decidió realizar la investigación sobre el personaje por "la necesidad de adentrarme en los recónditos y maravillosos parajes de su universo cultural", el que no había conocido personalmente, pero la lectura de sus escritos le despertó "admiración por la obra y la calidad literaria".
Otro emprendimiento biográfico fue relativo al pedagogo César Chávez Taborga, natural de Magdalena, Provincia Iténez, que enalteció con el título La pasión innovadora de un pedagogo, publicado en 2011. Por varios años, frecuentó la ciudad de La Paz, para visitar y entrevistar al itonama, que había regresado al país después de varios años de residencia en Venezuela. En uno de sus viajes, comentó que cada charla con su entrevistado era una suma de entusiasmo mutuo por la coincidencia en la crítica al sistema educativo nacional, a través de la interpretación de la obra de Franz Tamayo, y su propuesta de nueva reforma. Elogió a su coterráneo tanto por su "indeclinable persistencia en el estudio, disciplina germánica para la lectura y una desmedida responsabilidad profesional", como por su éxito en Venezuela y por su regreso a Bolivia.
Su tercera biografía estuvo dedicada a Antonio Vaca Díez, a quien califica de Genio industrial y geopolítico boliviano, y usa su pensamiento para criticar al centralismo andino, al que culpa del abandono integral del Beni. En el libro, afirma que "el descuido historiográfico nacional se encargó de echar al olvido", por ejemplo, "la presencia militante del Mojos autóctono en sus jornadas revolucionarias por la independencia nacional". Se refería a la actuación de Pedro Ignacio Muiba, Juan Maraza, Gabriel Ojeari y José Bopi, entre los más importantes líderes indígenas mojeños de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX contra la imposición de las autoridades coloniales.


Otro capítulo de las preocupaciones de Lijerón fue la participación beniana en la Guerra del Chaco (1932-1935), en la que destacó la actuación de Germán Busch Becerra, como nacido en territorio beniano, y la de los soldados de ese departamento, a los que el centralismo, afirmaba nuestro autor, también ignoró injustamente. Probablemente influenciado por su padre, Manuel Lijerón, benemérito del Chaco, con la Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos y la Federación de Beneméritos de la Guerra del Chaco, impulsó dos ciclos de conferencias, en 1975 y en 2009, que se vertieron en sendas publicaciones. En la segunda gestión al frente de la citada entidad, logró que sus colegas retomaran la reivindicación a los soldados benianos y que el Gobierno Municipal de Trinidad patrocine la publicación titulada Hazaña beniana en la Guerra del Chaco (2014). En ella se reúne las conferencias del primer seminario de la Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos. Aprovecha el libro para insistir en que "el magisterio está obligado a incorporar en los respectivos programas escolares el conocimiento de la hazaña beniana" en la contienda, pues "sólo de esa manera, el sacrificio, el valor y el heroísmo de aquella generación vigorizarán en su forma cotidiana nuestra identidad amazónica regional".
Por la estrecha relación con el conflicto bélico, además, es notoria su dedicación a tratar de demostrar la versión regional de que Busch tuvo cuna en territorio beniano, cuando sus padres iban en camino -navegando el río Blanco- hacia San Javier de Chiquitos, en marzo de 1903. Lijerón buscó en archivos y realizó entrevistas tratando de demostrar que el ex presidente Busch no sólo había vivido y estudiado en Trinidad, junto a su madre y hermanas, sino para comprobar la versión de que el personaje había nacido en tierra beniana. Obtuvo una certificación notariada de los descendientes de don Luis Suárez Suárez, antiguo habitante de la comunidad El Carmen del Iténez y propietario de la finca "Bolívar", quienes afirmaron que, quien luego sería el héroe boliviano del Chaco, nació en la barraca "La Pampita" a orillas del río, cercana a la población El Carmen del Iténez. Obtuvo un premio adicional a su inquietud: los descendientes de Suárez afirman que su abuelo les informó que trasladó a los Busch-Becerra a su estancia para proveerles comodidad y, aún más, que fue padrino de agua del recién nacido.
Su inquietud cultural por los pueblos nativos le ligó con la defensa del medio ambiente y, enseguida, con la renovada discusión regional de Beni con Cochabamba, por el tema de la delimitación entre ambos departamentos. En este sentido, como resultado de sus investigaciones, encontró una relación entre los nombres de los sitios geográficos de la zona sur del Beni y el lenguaje en que están formulados, para demostrar el derecho beniano y desmerecer la postura cochabambina. Ese trabajo, titulado Toponimia y cultura en Bolivia fue su tesis de ingreso a la Academia Boliviana de la Lengua. Entonces ratificó su identificación plena con el Beni. En ese rumbo, afirmaba ser hijo "de dos vientres amados": el de su madre Lolita que le dio la existencia y el de la tierra mojeño amazónica, que le dio la vida, como lo expresó al agradecer su ingreso a la academia. En ese discurso, que muestra el origen de los nombres de los lugares de la región del Isiboro Sécure, refuerza su identidad personal.
4. Valoración cultural
Al mismo tiempo que daba clases, se involucró en todos los ámbitos culturales, y pronto, ya en 1974, fue parte de la creación de la Casa de la Cultura del Beni, una de las entidades que más ha destacado en la promoción del folclore regional.
En 1985, participó en la organización del Comité Pro Tricentenario de la Fundación de Trinidad, incluyendo a la Casa de la Cultura, uno de los hitos de promoción cultural del Beni que, en particular, inoculó una inyección vital en la familia trinitaria. Desde ahí, impulsó una de sus ideas más progresistas: un desfile estudiantil de danzas folclóricas, con el objetivo de rescatar las características técnicas y musicales de los pueblos nativos para insertarla en la población 'carayana'.
Como la Santísima Trinidad es la misma fiesta religiosa del Gran Poder paceña y la manifestación pagana paceña se celebra el día previo, los trinitarios acordaron "burlar" el despliegue mediático de la sede de gobierno con la celebración inédita de la 'Chope Piesta' el viernes anterior. La primera versión de la Entrada Folclórica Estudiantil trinitaria se produjo en el tricentenario. La celebración de los trescientos años de la capital beniana tuvo su acto central, y sin embargo, pocos olvidan la participación de los niños y jóvenes de escuelas y colegios ataviados con los 'tipoyes' y 'camijetas' de usanza indígena para imitar las danzas de los macheteros, toritos, sol, luna, lavanderas, herodes, obispos, graciosos, abadesas y angelitos del Mojos primitivo.
Con ese mismo coraje para expresar sus creencias, logró la creación del Instituto Beniano de Bellas Artes (IBBA), donde impulsó especialmente la enseñanza y el aprendizaje de la música autóctona. Simultáneamente, fue un entusiasta seguidor de la Escuela de Música de San Ignacio de Mojos, donde la cooperación española se ha volcado para lograr que un grupo ensamble haga giras internacionales, especialmente a países de Europa.
5. Acción cívica y vecinal
El mismo año de 1985, el "colla" Lijerón -tildado así porque no hablaba como la costumbre camba, con jota en vez de "eses", sino "como lo exigen los libros" - propuso al Concejo Municipal un cambio de la denominación de muchas vías urbanas, especialmente de aquellas que daban honor a personajes que no lo merecían o desdeñaban a mujeres y hombres que dieron lustre a la ciudad y al departamento. Por varios años, los habitantes de la ciudad confundieron las direcciones, especialmente de las oficinas públicas, aunque la transición se facilitó al dar cuenta de sus propios domicilios, familiares y amigos. El propio fundador, el jesuita Cipriano Barace, que estuvo invisible hasta entonces, fue reconocido con una de las principales avenidas, y ahora tiene un monumento en uno de sus extremos. La idea se amplió al bautizo de calles con nombres de danzas típicas (machetero, abadesas), ríos y regiones, (Ibare, Mosetenes, Sécure), árboles (tajibos, penocos), entre otras manifestaciones.
Nuestro personaje fue también dirigente cívico, lo que le valió la cárcel y la persecución política en el gobierno del dictador Hugo Bánzer.
6. Vena periodística
Como pocos benianos, en el afán cultural casi siempre tuvo un acompañamiento mediático, que fue reflejo de su cualidad periodística. Incluso, alcanzó relación con los principales medios nacionales escritos de la época en La Paz, Santa Cruz y Cochabamba. Sin duda, la radio -todavía en su época dorada en el oriente boliviano- fue uno de los nichos que más aprovechó para propagar la cultura y las iniciativas de cuantos se animaban a hacer actividad literaria, musical, teatral o poética. Así surgió el espacio radial semanal Sache Mojos (Sol de Mojos, en idioma mojeño trinitario), que nació en Radio Difusoras Trópico, como respaldo a la celebración del tricentenario de la capital beniana y que hoy se sigue emitiendo en Radio Patujú, en la mañana del sábado. Lo mismo sucedió dos años después, cuando inició ediciones el diario La Palabra del Beni, para escribir crónicas culturales. Posteriormente, recibió la responsabilidad de editar el suplemento literario Horizontes, con el que desplegó su vena periodística, también cada siete días. Años más tarde, el suplemento suspendió ediciones y Lijerón se encontró frente a la televisión. Un canal le cedió el estudio para que compartiera la cámara con los amantes de la pintura, la literatura, la música, la poesía y toda expresión artística en Tacita de café, cada sábado en la tarde.
Hemos querido resumir las diversas las diversas actividades a las que se abocó Arnaldo Lijerón durante medio siglo de vida intelectual. Junto a la actividad pedagógica, se dedicó a la investigación histórica, tanto de conjuntos sociales como de personalidades de la sociedad regional beniana. Es recordado por infundir entre los dirigentes indígenas la revalorización de la cultura indígena, que en el Beni fue durante mucho tiempo mal vista.
Tal vez su rasgo más significativo como gestor cultural, fue emplear todos los espacios para promover el rescate de la cultura popular indígena, no sólo desde las aulas o desde la academia, sino especialmente desde los medios de comunicación y también desde la calle, como lo demostró durante la Marcha Indígena por el Territorio y la Dignidad. Aquella marcha que doblegó nada menos que al neoliberalismo salvaje que por esos años intentaba hacer tabula rasa de la herencia indígena en Bolivia. El Beni necesita más hombres y mujeres comprometidos con el rescate de nuestras raíces, porque en esas raíces se halla nuestra dignidad y nuestro futuro.











