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    Fuentes, Revista de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional

    Print version ISSN 1997-4485

    Rev. Fuent. Cong. vol.9 no.40 La Paz Oct. 2015

     

    PÁGINAS DEL EDITOR

     

    Las huestes archivísticas de Gunnar Mendoza

     

     

    Recepción: Octubre 2015 Aprobación: Octubre 2015 Publicación: Octubre 2015

     

     


     

     

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    En Bolivia la acción para la defensa de los recursos documentales públicos y privados de la Nación debe concebirse como una lucha ardua y permanente dado el subdesarrollo material y espiritual del país. En esta lucha, la hueste que combate a la vanguardia para la defensa de los recursos documentales públicos y privados, tiene que ser la hueste de los propios archivistas, que militando en esa lucha cumplen con un derecho y un deber irrenunciables; y la primera victoria es mantener la lucha incesantemente. La lucha será estéril si no se tienen claramente trazados los objetivos, la estrategia y la táctica dentro de un plan orgánico que debe ser elaborado por los mismos archivistas. El deber primordial y el derecho primordial de los archivistas en cuanto hueste combatiente, es organizarse para estar en aptitud de librar su lucha ardua y permanente.

    Gunnar Mendoza Loza (1982)

     

    Las huestes de combate de Gunnar Mendoza

    Así planteaba Gunnar Mendoza la estrategia para detener la destrucción de la memoria administrativa e histórica de Bolivia, en la Declaración de Principios del Archivista Boliviano, en la célebre Segunda Reunión de Consulta de los Archivos de Bolivia, en Cochabamba el 12 de julio de 1982. A lo largo de la dramática historia de la archivística boliviana han surgido verdaderos contingentes de defensores de la memoria administrativa e histórica de Bolivia, ofrendando la vida misma para lograr la conservación de los documentos, en una lucha desigual contra las fuerzas destructivas, encabezadas por altos dignatarios de Estado(1) e ilustres investigadores, muchos de notable prosapia,(2) alimentadas por factores externos como el clima, la humedad, las alimañas y los roedores, en una insana e indolente campaña de destrucción de la memoria.

     

    Los pioneros

    Ese imaginario ejército con el que soñaba Gunnar Mendoza, tiene sus gloriosos Comandantes, los que caben en los dedos de una mano. Encabeza la lista el ilustre Gabriel René Moreno (1836-1908), quien dedicó sus fuerzas y sus recursos económicos para salvar los documentos coloniales y republicanos, tocando las puertas de sus amigos políticos, que al término de su función solían llevarse los papeles a sus casas, como si fueran parte de su hacienda. Levantó la voz y clamó contra la indolencia y el desdén que destinó a la destrucción invaluables documentos de la Real Audiencia de Charcas y de la Gobernación de Mojos y Chiquitos. En Santiago de Chile, los limpió, los curó de las laceraciones del tiempo, los catalogó y luego los devolvió, encuadernados en pasta dura, a su amada patria, sin importarle que el Congreso de esa época lo hubiese declarado ¡Traidor a la patria!(3)

    El bibliógrafo José Rosendo Gutiérrez (1840-1883), se enfrascó en duelo mortal con el cruel Moreno, quien eclipsó su fulgurante estrella.(4) Sus valiosos archivos recogieron generosamente los testimonios del juicio a los líderes de la rebelión indígena de 1780-1781, movimiento que descalabró el orden colonial para no levantarse más. Hoy se custodian estos invaluables expedientes en la Biblioteca Central de la UMSA.

    Samuel Velasco Flor (1838-1880), Teniente Coronel del Ejército de Bolivia en la injusta Guerra del Pacífico, comandó al Regimiento "Libres del Sud", que aglutinó a la crema y nata de la sociedad chuquisaqueña y potosina. Notable papelista e historiador, tuvo en propiedad 33 de los 63 libros del Cabildo de Potosí (1561-1825), que posteriormente fueron a parar en poder de E. O. Rück.

    Ernest Otto Rück Franke (1833-1909). Adquirió los tesoros más grandes de la colonia y la república temprana. Desfilaron por sus anaqueles las egregias figuras de Arzans Orsúa y Vela, el Tambor Mayor Vargas, Francisco de Viedma, Vitorian de Villaba, Melchor María Mercado, Pedro Vicente Cañete, Alvaro Alonso Barba, Pedro Antonio de Gurruchaga, Juan Pino Manrique, Antonio López de Quiroga, Castelli y Monteagudo, que luego en gran medida exhumaría Gunnar Mendoza Loza. A la postre, su viuda, enajenó esos tesoros a precio alto pero ampliamente justificado para gloria de la Historia nacional.

     

    Las huestes del siglo XX

    Con la modernidad del siglo XX, surgieron combatientes con renovado brío, en casi todas las ciudades de Bolivia.

    En Potosí, Luis Subieta Sagárnaga (1875-1966), sentó las bases para la creación del Archivo de la Casa de Moneda. "Hombre de la misma pasta de un René-Moreno, de un Vicuña Mackena, de un José Toribio Medina", le cantó Guillermo Ovando. Reclutó a un temerario combatiente que sembró la semilla en esa lucha sin cuartel por preservar los tesoros documentales de la Villa Imperial de Potosí. Armando Alba Zambrana (1901-1974), fundó el Archivo de documentos coloniales y republicanos, donde se originó el Archivo Histórico de Potosí y una Biblioteca de Obras Raras; creó una Galería Nacional de Próceres, fundó la Editorial Potosí que dio a luz obras cumbres de la literatura y la historiografía boliviana y visionariamente planeó una Escuela de Artes y Archivología. Fue el primero en difundir la existencia de los archivos coloniales de Potosí. Le siguieron dos soldados combatientes que dieron luces a la Archivística:

    Guillermo Ovando Sanz (1917-1990) y Mario Chacón Torres (1930-1984), quienes clasificaron y catalogaron el Archivo de Potosí, con la sabia guía de Gunnar Mendoza. El primero formó nuevas generaciones de combatientes académicos, desde la Cátedra de Archivística General de la UMSA. El segundo exhumó los papeles coloniales y dio a luz la más sólida historia de arte colonial potosino, injustamente olvidado. Ambos acompañaron a Gunnar Mendoza en la Primera Reunión Interamericana de Archivistas, en Washington, donde se sentaron las bases de la archivística moderna, bajo la dirección de Theodore R. Schellemberg, Padre de la Archivística Moderna.

    En Santa Cruz de la Sierra, Hernando Sanabria Fernández (1909-1986), recuperó los escasos archivos coloniales en dependencias de la Prefectura del Departamento oriental que sobrevieron milagrosamente, donde encontró un verdadero tesoro: la bandera cruceña que flameó vigorosa en 1864, durante el gobierno del tirano Melgarejo, como espada de guerra del Prefecto Tristán Roca. Formó la semilla del futuro Archivo Histórico Departamental.

    En el horizonte aparecieron otras huestes de combatientes, entre ellos Eduardo Arze Quiroga (1907-1989), que salvó de la destrucción el Archivo del presidente Daniel Salamanca; Adolfo de Morales y Sanchez-Tagle (1911-1993), que ordenó el Archivo Histórico de Cochabamba; Juan Siles Guevara (1937-1995), dirigió el Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores. Fueron abriendo sendas para preparar el camino a un moderno ejército de combatientes que fueron formándose en las aulas de la Universidad Mayor de San Andrés.

    f2

    Alberto Crespo Rodas (1917-2010), formó un regimiento de archivistas desde 1962, reclutando a los miembros de número de la Academia de la Historia y de la Sociedad Boliviana de la Historia,(5) con quienes levantó inventarios de archivos desconocidos hasta entonces. Detuvo la inminente destrucción de los documentos judiciales coloniales con los que fundó el Archivo de La Paz en 1970. Sumó a su cohorte a bravos universitarios de San Andrés que dieron muestra de su valía en numerosas correrías por las provincias paceñas trasladando archivos abandonados, hasta su cuartel general, en Archivo de La Paz, en la Casa señorial de la Avenida Montes 2080.

    Entre la nueva generación destacaron René Arze Aguirre, Mary Money, Roberto Choque, Clara López y Fernando Cajías de la Vega. Los tres primeros cultivaron las artes de la conservación documental en la trinchera archivística, llegando a dirigir el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia, el ALP y el Archivo Histórico de Cochabamba, respectivamente. Los otros dos se dedicaron a la docencia y la investigación, sin dejar del todo su interés por preservación de los archivos. Nuevos contingentes se fortalecieron con la firme presencia de la mujer que dio verdaderas batallas por el conservacionismo, como el que protagonizó Elvira Cárdenas por los archivos de Oruro y de forma breve pero contundente Irma Lorini en La Paz. Pero fue Marcela Inch quien representó al género femenino con su liderazgo desde la dirección del Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia durante una década.

    Caso singular fue el de Josep M. Barnadas (1941-2014), catalán de recio temple, implacable con la mediocridad y díficil en el trato, quien heredó el trono que dejó Gunnar Mendoza. Ultrajado por los jerarcas neoliberales del Banco Central de Bolivia, se rebeló contra ellos, que no dudaron en despedirlo. Fuera ya de la institucionalidad estatal, fundó el Archivo y Biblioteca Nacionales de la Iglesia Católica, aí como su Academia de Historia. Dejó un legado en su monumental Charcas (1973), el Diccionario Histórico de Bolivia (2002) y la Biblioteca Antiqva (2011).

     

    Las huestes en la era Plurinacional

    Aquella base guerrillera que acompañó al Dr. Gunnar Mendoza Loza, a 20 años de su deceso, se fortaleció notablemente y hoy organizan los archivos administrativos e históricos en el vasto territorio plurinacional. Los hay de todo temple y conciencia. Muchos se rigen por el irresistible encanto de "Don Dinero", que ven a la archivística como negocio. Otros son cómodos, llegan a los archivos en el último minuto de tolerancia antes de la multa y trabajan exactamente hasta la hora tope legal, marcan "en punto" y rajan, "como rajaron los chapetones", parafraseando al insigne Moreno. Hay legiones de archivistas conformistas que lamentan su suerte, echando la culpa de sus frustraciones al empedrado (indolencia y "falta de conciencia de las autoridades", la mala suerte).

    Muchos, felizmente para el destino promisorio de los archivos, son verdaderos combatientes: convierten el trabajo en un desafío, no se rinden ante ningún obstáculo, no se quejan ni lamentan, resuelven los problemas con imaginación, buenas ideas y excelente ánimo, "sin pausa ni prisa", en una lucha tenaz contra el tiempo, librando azarosas batallas contra la indolencia, el desdén, la incomprensión, la falta de voluntad, la falta de recursos económicos. Para estos nobles combatientes primero está el valor supremo de la memoria social, antes que el interés personal. Estos gastan generosamente su existencia defendiendo sus Archivos, convertidos en trincheras inexpugnables. Los ejemplos son Arturo Gamarra Rojas (1909-2004), Archivero del Senado por 80 años; Alberto Zelada cuarenta años al frente del Archivo del Ministerio de Trabajo, Marcelino Ergueta tres décadas en el mismo puesto; Norberto Vargas Cruz, 50 años en el Archivo del Ministerio de la Presidencia; Edgar "Huracán" Ramírez, con su hazaña de salvamento del Archivo de la Comibol, destinado a su destrucción por los neoliberales.

    Las huestes reaccionan ante las amenazas a su integridad. Cuando se despide injustificadamente a uno de los combatientes guerrilleros, se levantan y reclaman exigiendo se le reponga en su puesto de combate, impidiendo los abusos, pues muchos jerarcas (felizmente son cada vez menos), ubican a sus ahijados políticos, a sus delfines y protegidos en los archivos, "mientras tanto puedan ganar experiencia", con la errónea convicción que en los archivos "no se hace nada" (así, con doble negación).

    f3

     

    La nueva generación

    En las aulas universitarias se forman pléyades de reclutas preparados para enfrentar el destruccionismo de la memoria social. Allí se munen de sus armas de guerra: la teoría, los principios de la Archivística, la Tabla Periódica, las normas internacionales, en fin. En el terreno emplean barbijos, guantes de látex, guardapolvos, equipos de aspiración, brochas, franelas, como parte de su arsenal. Bajo la vigilancia de sus maestros, estos jóvenes reclutas protagonizan verdaderas hazañas archivísticas. Así pertrechados y armados hasta los dientes, llegan a archivos que se debaten en situaciones dramáticas, al filo de la conservación, y libran sus batallas por el conservacionismo, limpiando los documentos de polución y contaminación centenarias, devolviéndoles la vida en una sesión de terapia intensiva, hasta estabilizar el soporte y restituirles sus propiedades. Recibido el apoyo de refuerzos de la sociedad civil, que se ponen a sus órdenes y arremeten contra la ignorancia, la indolencia, la dejadez y el no.-me-importismo, clasificando, ordenando y describiendo, en duras jornadas, hasta cumplir la misión.

    Este es un homenaje a los jóvenes universitarios que acudieron al llamado de emergencia para rescatar el Archivo Judicial de Sorata que se hallaba al borde de la supervivencia en un trabajo de salvamento organizado por la directora del Archivo de La Paz Mary Money, con apoyo del Rector en ejercicio de la UMSA Dr. Franz Cuevas, y financiado por la Decanatura de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, a cargo del Lic. Raúl Paredes. Luego de breve descanso los estudiantes se trasladaron a Oruro para la catalogación del Archivo Histórico de la Sociedad Yugoslava de Socorros Mutuos, donde encontramos testimonios que permitirán comprender de manera integral el aporte de esa sociedad al desarrollo de la Villa de San Felipe de Austria y, por que no, al desarrollo nacional.

    Luis Oporto Ordóñez

     

    Notas

    1.   Moreno denunció que diputados y ministros se llevaban documentos oficiales de su gestión al concluir sus funciones, costumbre que empezó a erradicarse con la vigencia de la Ley 1178.

    2.   El caso más emblemático es el del sabio naturalista Alcides d'Orbigny que no dudó en llevarse las Actas Capitulares de La Paz, 1548-1562, al término de su periplo por Bolivia.

    3.   Moreno llevó consigo las Bases chilenas para un entendimiento con Bolivia, para formar alianza contra el Perú. La trama fue urdida por el mismísimo presidente Hilarión Daza, en un oscuro pasaje de esa guerra. Tuvieron que pasar dos décadas para que el Congreso reivindicara su honra. En el ínterin, dejó Chile, sus archivos y biblioteca, la que se incedió en un curioso accidente.

    4.   Iniciador del estudio de la Bibliografía Boliviana, hasta que apareció en escena Gabriel René Moreno, que sepultó sus deseos. Su adhesión al gobierno de M. Melgarejo, provocó la violenta reacción de la población que incendió su casa y con ella su biblioteca y archivo.

    5.   La II Reunión de la SBH (1971) resolvió levantar inventarios de los archivos bolivianos siguiendo las directrices de la Primera Reunión Interamericana de Archivos. La III Reunión (1976) analizó la situación de los archivos de Santa Cruz. La IV (1978), hizo lo propio para Oruro.

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