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    Fuentes, Revista de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional

    Print version ISSN 1997-4485

    Rev. Fuent. Cong. vol.7 no.27 La Paz Aug. 2013

     

    PÁGINAS DEL EDITOR

     

    Las fiestas patrias en los centros mineros de principios del siglo XX

     

     


     

     

    Las fiestas patrias en conmemoración del 6 de agosto de 1825, día en el que se alcanzó la independencia, se celebraba en el siglo XX, con una solemnidad y patriotismo indudables, costumbre que fue cediendo ante la rutinaria procesión de desfiles escolares y cívicos, siendo lo tradicional el traslado de las autoridades de gobierno y del legislativo a la ciudad de Sucre para realzar la fecha. En la actual coyuntura la celebración ha retomado vigor, trasladándose las altas autoridades a capitales de las gobernaciones, donde se instalan sesiones de honor, a tiempo de continuar con los desfiles escolares y cívicos. ¿Cómo eran las celebraciones en los centros mineros en el siglo pasado? Esta es una apretada crónica que ilustra del innegable patriotismo que recorría los pueblos mineros, a pocos años de dos grandes conflictos internacionales, aspectos curiosos que compartimos en esta oportunidad.

    A principios del siglo XX las diversiones y los momentos de expansión social eran muy simples en los pueblos mineros; y mucho más aun, en pequeñas villas como Chayanta. Las hestas más importantes eran el carnaval, todos santos y otras del santoral católico. La fiesta cívica nacional destacaba con su propio peso e importancia, con tres o cuatro días de festejos, que posibilitaba la congregación general de la población, como si se tratara de una gran familia. En Sacaca "además de la fiesta patria era la fiesta religiosa y naturalmente había beberaje y podría haber algún desorden". En Chayanta, se evidenciaba una mezcla entre lo tradicional y moderno: la cultural agrícola y pecuaria, versus la cultura cívica. En Llallagua y Uncía las fiestas eran muy simples, al principio, dado el carácter exógeno de su composición demográfica, es decir la falta casi total de población nativa en la empresa chilena en esos primeros años.

    En Uncía la situación empezó a diferenciarse, a complejizarse, en parte por la presencia de la primera autoridad provincial, el Subprefecto, que g eneralmente procedía de La Paz y por otra parte, porque la población había logrado ya consolidarse en la senda urbana, estableciendo mecanismos artificiales de arraigo e identidad cultural. En un primer momento, la fiesta patria íue el elemento unificador, quizá porque Bolivia salía de una guerra internacional con el Brasil y aun restañaban las heridas de la guerra del Pacífico con Chile.

     

    Fiestas Patrias en Chayanta

    El responsable ele organizar las fiestas patrias en el legendario pueblo de Chayanta, era el Presidente de la Junta Municipal, Dr. Julio Moya, refrendado por el Secretario Santiago Susano. En los tres días de regocijo por el aniversario cívico, se permitía todo género de diversiones públicas, cuidando de no ofender la moral y las buenas costumbres. Las fiestas empezaban el 5 y concluían el 7 de agosto. El primer día estaba destinado a remarcar el desarrollo urbano de la población por medio de la inauguración de obras públicas, el segundo era consagrado a rememorar el aniversario de la fundación de la República; el tercer día se dedicaba a la expansión, franca y abierta. En 1907, se bautizó la Plaza Principal con el nombre de "25 de Mayo" apadrinado por los párrocos Juan de Dios Torrico, Vidal Araujo y Cipriano Moya. Uno de los roles principales estaba a cargo de los niños, organizados en un batallón inlantil, protagonizaban una Entrada a la Plaza 25 de mayo, siendo recibidos por el vecindario con serpentinas y misturas. En horas de la noche, se procedía a la iluminación general de la plaza principal, para dar lugar a la entrada ecuestre de todos los ciudadanos a la Plaza 25 de mayo, con teas encendidas y acompañamiento de una banda de músicos. Nuevamente intervenían los niños de la Escuela Bolívar, entonando el Himno a Sucre. La Banda de Música se ubicaba en la plaza y ofrecía una retreta a la población, eme luego de unas horas salía en procesión cívica, llevando los bustos ele Bolívar y Sucre, recorriendo las calles principales, entonando la Marsellesa, una reminiscencia de la revolución francesa que tuvo un impacto evidente en las luchas independentistas de América del Sur.

    Los festejos del 6 de agosto empezaban al rayar el alba, con estruendoso saludo de 21 dinamitazos y descarga de fusilería. La actividad central era la misa de acción de gracias, con asistencia de las autoridades, seguida del solemne Te Deum, que derivaba en la procesión cívica del pueblo, hasta alcanzar el Altar Patrio, en la misma plaza, donde el Presidente de la Junta Municipal, el Juez Instructor y otras autoridades aprovechaban la oportunidad para dirigirse al pueblo. Mas tarde, se sumarían las autoridades de la Provincia.

    El Batallón Infantil hacía la columna de honor por escuadras, con números de gimnasia y maniobras de orden cerrado, culminando con simulacros de combate que tenían valor significativo y simbólico, por cuanto el país recién restañaba las heridas del conflicto por el Acre y no dejaba de cerrar la que abrió Chile en 1879, en esa guerra que nos dejó como cruel resultado la pérdida de la cualidad marítima. Terminada la demostración, el pueblo se preparaba para la gran corrida de toros en la Plaza 25 de mayo, y numerosos juegos populares, como "rompecabezas, carrera de ensacados, palo ensebado" y otros, no menos cargados de ingeniosidad. La noche se iniciaba con la iluminación general, para la retreta en la plaza a cargo de las Bandas de Música, y la participación ele sicuns, aspecto particular de Chayanta, dado su carácter de población más rural que minera-urbana. La población esperaba con entusiasmo la función dramática presentada por los niños de la escuela Bolívar, que ese año, 1907, presentó dos actos: "La noche de Reyes" y "El Mejor Guardián".

    El último día estaba destinado a la diversión de los pobladores de la villa rural, iniciándose las actividades al medio día, con una corrida de sortija a caballo, a cargo de experimentados jinetes, en la pampa de Santa Bárbara. Por primera vez aparecían las señoras, señoritas, y niñas de la escuela "10 de noviembre", quienes estaban encargadas de entregar simbólicos premios a los campeones, consistentes en ramilletes de flores, rozones, etc. Otro divertimento muy popular en esa época era el "juego a la banderita", que movilizaba a toda la población, afanada en encontrar réplicas de la enseña patria hábilmente escondidas en la accidentada topografía local.

    Se practicaba el tiro al blanco con carabina y winchester en la pampa de Santa Bárbara, disparando a blancos ubicados a 300 metros de distancia. Era tan extendida esta práctica, que participaban también los niños, agrupados en un batallón infantil, que concursaba con carabina de salón en un polígono especial. Los campeones -incluso niños—recibían premios consistentes en diplomas de honor. Ese campeonato de tiro al blanco era la base de un campeonato anual que tenía un premio valioso, puesto que su práctica tenía el incentivo del gobierno, que proveía de las municiones.

     

    Fiestas Patrias en Llallagua

    El vecindario del cantón Llallagua, conformado mayoritariamente por obreros de la Compañía Estañífera ele Llallagua, tenían la costumbre de constituir un Comité Patriótico, responsable de preparar un extenso programa. Lo notable de Llallagua -por la proximidad del Tratado de 1904- era la actitud de los administradores chilenos, quienes, ya sea por oportunismo, o por un sentimiento real, se sumaban activamente a las celebraciones, lo que motivó a la prensa a comentar "Vemos con satisfacción el gran patriotismo de nuestros connacionales y admiramos el no menos de los ciudadanos Chilenos, que contribuyen de manera eficaz a la solemnización de la fecha más gloriosa que celebra la patria boliviana. Especial deferencia merecen los Srs. Carlos Aguirre L, Lezaeta Méndez, Film Gonzáles, Urzúa, y demás miembros de la colonia chilena, así como los Srs. Sol Levy y Mariano Sainz que aportaron todo el contingente de su entusiasmo".

    En esa época, Llallagua se caracterizaba ya por el nucleamiento de una clase de élite conformada por los administradores chilenos y los técnicos extranjeros. Quizá por esa razón, la prensa, mencionó en su despacho "...Dado el grado de cultura de esa población esperamos que ella pase sin la menor novedad".

     

    Fiestas Patrias en Uncía

    En esta ciudad la situación era muy distinta a lo que sucedía en Chayanta o Llallagua. No era un centro rural, tampoco un pueblo sin ley. Se trataba de un centro minero en franco tránsito a ciudad. El Comité Patriótico estaba compuesto por los munícipes que formaban las Comisiones de Espectáculos Públicos, de Hacienda y Policía, y los agentes de su dependencia cooperados por varios vecinos, encargados de la ejecución de la Ordenanza Municipal. El Presidente nato del Comité, el Subprefecto de la Provincia Charcas; el Secretario; y el Pro secretario. El Comité promulgó la Ordenanza Municipal, que definía: "Desde la inauguración de las fiestas hasta la finalización, deberán cerrarse todas oficinas públicas y de comercio, bajo la multa de Bs. 10 a 50. Se ordena la hiza del pabellón nacional en todos los edificios públicos y particulares, colocándose él, en la torre del templo; puertas y ventanas. El 6 se engalanará el pabellón con cintas y guirnaldas de flores".

    Como en las otras poblaciones, en Uncía, la fiesta cívica se iniciaba el 5 de agosto, con una reunión en la Plaza "Alonso ele Ibañez", todas las corporaciones oficiales (así se denominaban a las instituciones públicas), alumnos de las escuelas fiscal, municipal y particulares, gremios de artesanos y pueblo en general, formando en el lugar y orden que determinaba el Comité Patriótico. 1907 fue muy importante para Uncía. Se convocó a la población a concentrarse en Sunuyu para testimoniar la colocación de la piedra fundamental para el Hospital de Uncía y Llallagua, y la inauguración de los trabajos de las obras para aguas potables. Era, quizá, una respuesta intuitiva a la problemática regional de definir una política de mancomunidad, que tenía mucho que ver con el desarrollo regional, sin afectar los intereses de una u otra población. Los actos de ese día concluían con la iluminación general y una retreta en la Plaza "Alonso ele Ibañez".

    El día magno se inauguró con una "salva mayor por la columna del orden en las cuatro esquinas de la Plaza Alonso de Ibañez y repique general de campanas". Los escolares protagonizaron un paseo por las calles, entonando el himno nacional, con el concurso de bandas de música. Los niños tenían a su cargo ejercicios militares (el día 6), y una función dramática preparada por el preceptor (el día 7). Ese mismo día se ofició una Misa de Gracias y Te Deum en el templo parroquial con presencia de la sociedad y vecindario del pueblo. AI medio día se reunieron en la Plaza Alonso de Ibañez, las corporaciones oficiales, Empresas Mineras, sociedades, escuelas, gremios de artesanos con sus respectivos estandartes, y el pueblo en general, "los que una vez íormaclos, procedían a la procesión cívica". Terminada la procesión se colocó el escudo nacional y los bustos de los libertadores Bolívar y Sucre, en el Altar de la Patria, el que se alzó en la Plaza "6 de Agosto", custodiado por una guardia ele honor a cargo del gremio de artesanos.

    La participación de la mujer estaba ceñida a los cánones de la cultura patriarcal, y se las invitaba bello sexo únicamente a solemnizar la procesión cívica con su asistencia en el altar Patrio, y en las ventanas del trayecto que se hallaban debidamente adornadas, debían "obsequiar flores y mistura, al escudo nacional y bustos de los padres de la Patria".

    Las fiestas continuaban con profusión de los llamados "Juegos Augustos", consistentes en carrera a pie, saltos, tiro al cable, ejercicios atléticos, preparados por la Comisión Especial. En horas de la noche, se realizó una procesión con teas, y se procedió a la iluminación general, que era el marco esperado para la gran retreta interpretada por las bandas de música, en medio de llamativos juegos pirotécnicos.

    El último día de las festividades, se inauguró la Corrida de Toros en la Plaza "Alonso de Ibañez", y se ofrecieron Juegos Malabares y otras distracciones populares, para finalizar con una última retreta e iluminación general.

    A medida que la ciudad se desarrollaba, las celebraciones tenían mayor sofisticación, pero siempre se aprovechaba esta fecha, para la inauguración de obras importantes. En 1910, por ejemplo, se procedió a "... la apertura de la nueva calle "Sucre", y la inauguración de los primeros trabajos, en el sitio donde debía edificarse el nuevo mercado público, nominación de calles y plazas, todo lo que ha llenado el doble fin de conmemorar el dia ele la Patria en provecho local".

    Para entonces, el alumbrado público ya había llegado al Teatro, donde se congregaba la clase alta ele la población para deleitarse con un nuevo espectáculo en el programa de festividades: una velada musical: "Por la noche la función dramática musical ofrecida por la Sociedad "10 de Noviembre" que tuvo buen éxito, salvo el mal alumbrado, pues el público se encontraba a media luz. La señorita María Ferreira estuvo feliz en el "Trovatore". Fue justamente aplaudida mereciendo los honores del bis. Merece nuestro particular aplauso el señor Abel Ferreira, sin cuya intervención e inteligente dirección, quizá no hubiera tenido lugar esta parte del programa".

    Muchos adelantos se habían logrado. Las autoridades y la población estaban orgullosos de los mismos, aunque —observados desde la distancia-fueran pequeñas cosas, casi insignificantes: "En el Tedeum, el templo ofrecía un golpe de vista imponente, a lo que contribuyó el nuevo alfombrado que se ha provisto a iniciativa del Vicario Víctor Sánchez, y cooperación de las empresas mineras. Bien por ellas, que con este acto de filantropía, han llenado una necesidad inaplazable y que evitará los inconvenientes consiguientes a su falta. En lo sucesivo la policía municipal, ya no se pondrá en correteos, toda vez que se trate de una asistencia oficial, mendigando fragmentos de alfombrado".

    Por esa época el Dr. Jaime Mendoza gozaba de merecido prestigio. Fue invitado a dictar una conferencia, que fue considerada "muy provechosa al pueblo, dada la ilustración y bastos conocimientos del disertante". También tenía tama de ser un buen tirador -faceta no mencionada en sus biografías—pues manejaba magistralmente el Winchester, siendo uno de los asiduos participantes en los concursos de tiro al blanco, "en que obtuvo el primer premio, dando prueba así de tener una mirada y un pulso digno de un discípulo de Galeno".

    Las fiestas de 1910 fueron únicas por la magnificencia desplegada, y sólo serían superadas con las que se organizaron para la inauguración del ferrocarril Machacamarca-Uncía. En agosto de 1910 se incluyó en el programa "un gran banquete ofrecido por Simón I. Patino, en homenaje a los gerentes de la Empresa Uncía, Ricardo Waters y Eduardo O'Kelly", pues daba la casualidad que Patino había logrado cerrar el trato de la compra de la mina de John B. Minchin, y aprovechaba esa oportunidad para agasajar a los antiguos administradores. Los detalles de la fiesta, descritos con fruición y emoción por un cronista de la época, muestran las costumbres de la clase alta de Uncía, quienes tenían en este tipo de acontecimientos, momentos de verdadero solaz. Al gran banquete acudieron prestos: "...Sesenta caballeros (quienes) rodearon la mesa. A los postres el señor Block, ofreció la manifestación representando al señor Patino, siendo contestado por el señor O'Kelly. Ambos estuvieron concisos, con esa sencillez y corrección que les caracteriza. Seguidamente la concurrencia se entregó a las cultas espansiones a que dan motivo reuniones de tal género a la amistad y solidaridad que establece el compañerismo, la vecindad y uniíormidad en el trabajo, quizá más próximo a disolverse definitivamente o no... A la última copa siguió el baile, al que concurrieron distinguidas señoritas de la sociedad unciense. Entre el buen tono y la amabilidad de los que hacían los honores de la casa, transcurrieron la horas al compás de una bien ejecutada orquesta, hasta que la aurora del nuevo día, puso término al periodo de las iluciones para volver a las realidades de la vida".

    El intuitivo cronista ya tenía conocimiento de la compra de la mina de Minchin, información que corría como reguero de pólvora, en forma de trascendido; ya se podía percibir la certidumbre del rumor: "...Placer o congoja motiva el recuerdo que liga en la supervivencia, y ojalá que los momentos transcurridos, originados por lo primero, creen tal vínculo entre los que se van y los que quedan....".

    Esa presunción fue corroborada más tarde, cuando ya se había consumado el negocio y trascendieron los alcances del contrato, confirmando el alejamiento de los antiguos administradores, quienes por el tiempo de permanencia en las minas, habían consolidado amistades con muchos vecinos. Así, la prensa comentaba que: "...Se habla de la próxima ausencia de Waters, O'Kelly y Donahoe, empleados superiores que fueron de la empresa objeto de venta. Sensible. Extranjeros como los nominados hacen falta en cualesquier localidad".

    El banquete mostró la importancia económica que había alcanzado Patino en 1910, no sólo porque cerró el negocio de la compra de la mina, sino porque expresaba de manera simbólica quién era el que detentaba el poder económico en la región. El costo del banquete, preparado para 60 personas, ascendió a 6.000 Bs. -mucho más de lo que se erogó en la inauguración del ferrocarril—una pequeña fortuna para la época. Al respecto, el cronista señalaba: "...personas senas nos informan que el encargado de disponerlo, recibió 6.000 Bs. calculándosele una ganancia de 4.000 líquidos. Que le haga buen provecho. Esos mismos informantes agregan que tal encargado, como de costumbre, estubo, poco amanerado y hasta falto de respeto con algunos de los concurrentes".

    Luego de las fiestas patrias, la Junta Municipal estaba obligada a presentar la rendición de cuentas de la inversión de fondos erogados para la celebración de las efemérides, por cuanto una parte de la recaudación provenía de los aportes de la población.

     

    Luis Oporto Ordóñez