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    Fuentes, Revista de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional

    Print version ISSN 1997-4485

    Rev. Fuent. Cong. vol.6 no.23 La Paz Dec. 2012

     

    REFLEXIONES BIBLIOAMERICANAS

     

    PROACTIVIDAD BIBLIOTECARIA LATINOAMERICANA
    Reflexiones Biblioamericanas del Maestro

     

     

    Robert Endean Gamboa*

    *Bibliotecario consultor independiente. Maestro en bibliotecología. Ha ocupado puestos directivos en bibliotecas y ha sido docente en varias instituciones académicas. Coordina los proyectos de construcción de la Biblioteca Digital Maya U Kúuchil Na’at y el de Lectura de México. Es el actual Vicepresidente de la Academia Mexicana de Bibliografía de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, y Presidente de la Sección de Políticas de Información de la Asociación Mexicana de Bibliotecarios, A.C. Socio fundador y Vicepresidente de ProIndígenas: Información y Comunicación, S.C. Tiene alrededor de 70 publicaciones y mantiene el blog para profesionales:
    Problemas del Campo de la Información (http://inforproblemas.blogspot.com).

     

     


    En los últimos 20 años, con la emergencia de las redes tecnológicas se inició un proceso de conocimiento mutuo entre los bibliotecarios hablantes de español. De esta manera, se empezaron a difundir noticias, actividades y reuniones formativas, profesionales y académicas. Asimismo, se establecieron salones de discusión y foros, arreció el intercambio y la difusión de documentos por los dispositivos tecnológicos a la mano, y poco a poco conocimos la existencia de miradas alternativas, divergentes, a veces muy conservadoras y casi nunca completamente liberales, que proponían que la biblioteca y el bibliotecario deben ser artífices de su destino y promotores de la mejora social y/o institucional.

    La novedad de lo que acontecía al principio concitó una amplia participación, en donde por igual se involucraron algunos de los líderes morales de las biblioteconomías nacionales o regionales junto con profesionales, académicos y estudiantes. No obstante, la presencia de la mayoría de los notables fue breve y algunos sólo se han mantenido enlazados para informarse, pero inactivos y guardando silencio.

    Desde que inició esta apertura, algunos bibliotecarios jóvenes, y unos pocos profesores y profesionales maduros, se dieron a la tarea de impulsar la creación e instalación de canales de comunicación entre pares, a veces con un carácter general e incluyente, y en ocasiones con un interés temático. Es de notar que estos esfuerzos no han conseguido mellar la estructura vertical jerárquica de las organizaciones bibliotecarias locales, ni han logrado interesar a muchos de sus líderes, sino que más bien se han establecido como nuevos espacios y actividades que convocan a quienes antes no se sentían atraídos por las propuestas de las personalidades o los grupos de poder.

    Por esas vías, notamos que hay bibliotecarios que creen en su potencial para mejorarse a sí mismos, a su situación y a su entorno. Asimismo, toman la iniciativa, asumen la responsabilidad de hacer que las cosas sucedan, deciden en cada momento qué quieren hacer y cómo lo van a hacer, además de que controlan las situaciones y resuelven los problemas.

    Así, nos enteramos de que hay bibliotecarios latinoamericanos que promueven la creación de sindicatos específicos para nuestra profesión, que se organizan para colaborar en formas innovadoras, que buscan conocer más para atender a grupos indígenas o minoritarios, o que emprenden aventuras por caminos novedosos para impulsar la alfabetización informacional o el fomento a la lectura. Obsta decir que al enterarnos de estos empeños es preciso hacer un alto y respirar profundo para saborear el orgullo de ser parte de esta profesión.

    Asimismo, descubrimos algunos bibliotecarios que critican las estructuras organizativas de las que dependen sus bibliotecas (o porque no reciben apoyo de ellas), su situación laboral, los problemas locales, regionales o nacionales, así como las injusticias que notan en su entorno. Algunas de estas críticas se basan en conceptos marxistas, o tomados de la sociología y la antropología francesas. Otras críticas se apoyan en la literatura filosófica y política de la antigua URSS, o bien expresan elaboraciones discursivas más eclécticas, casi siempre ricas en clichés y adjetivos.

    Cuando hemos buscado un término para designar lo que comunican los bibliotecarios latinoamericanos a través de este conjunto de acciones que notamos, nos parece que podríamos referirnos a la “proactividad bibliotecaria”, entendiendo por este nombre la capacidad que pueden manifestar esos bibliotecarios para manejar sus propias vidas, así como para decidir cómo quieren reaccionar ante lo que ocurre a su alrededor.

    La proactividad bibliotecaria latinoamericana muestra singularidades y riesgos que son de notar. Así, tenemos que en variadas ocasiones los bibliotecarios han logrado anticiparse a los cambios y emprendieron acciones para adaptarse. Sin embargo, otras veces, a pesar de tener todos los recursos para establecerse y posicionarse con servicios bibliotecarios o de información nuevos –incluso demasiado novedosos, esos bibliotecarios no han sido suficientemente flexibles y adaptables, aunque también puede haber ocurrido que el peso de las tradiciones bibliotecarias haya sido tan fuerte que en consecuencia no pudieran mantenerse y desarrollarse en un enclave determinado.

    Uno de los mayores riesgos que hemos notado en algunos bibliotecarios es el vértigo de la crítica, o sea, la incurrencia en formas de crítica que sólo observan los defectos y errores, además de manifestar una peculiar habilidad para encontrar al instante nuevos problemas para cada solución. Este vértigo puede provocar la paralización en quienes sólo se dedican a mostrar todo lo malo de cada situación.

    Trabajar con la cultura y el conocimiento, y no solamente asumirnos como meros intermediarios entre la información y los… ¿clientes? Esta es una cuestión de la proactividad bibliotecaria que resuelve de un modo distinto el dilema que propuso Jesse Shera cuando opuso los perfiles del bibliotecario erudito y del bibliotecario de servicio, enfatizando la necesidad de desarrollar el segundo. Pero se requiere realizar investigación, así como reunir evidencias y conocimientos sobre las prácticas, para así diseñar el perfil del bibliotecario latinoamericano del futuro.