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Fuentes, Revista de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional
Print version ISSN 1997-4485
Rev. Fuent. Cong. vol.2 no.2 La Paz Dec. 2008
RESEÑA
DICCIONARIO DE LA ANTROPOLOGÍA BOLIVIANA DE HENRIETTE EVA SZABÓ
(Santa Cruz: Aguaragüe/Cooperación Holandesa 2008, 771 p.)

Para mi es un grato honor presentar el libro Diccionario de la antropología boliviana por Henriette Szabó, que se pone hoy al servicio de todas las personas quienes tienen acceso a las bibliotecas de Bolivia, en una edición de calidad excelente.
El Diccionario es el resultado de 10 años del trabajo detallado y constante de Henriette. Narra la autora cómo ella comenzó la tarea de su redacción desde sus inquietudes como estudiante, ante la terminología técnica que ella afrontaba en sus cursos de antropología. De estas notas preliminares, se ha podido desarrollar paulatinamente este adobe de un libro, a pesar de los consejos de personas como Xavier Albo: "Córtalo". Es la densidad y los detalles del Diccionario que nos interesa: como decimos en inglés: "Dios está en los detalles".
Otro gran logro de este Diccionario es que une una visión en común de los hallazgos humanos en las tierras altas y bajas del país. Parece que las entradas para las tierras altas y las tierras bajas son más o menos balanceadas a lo largo el texto, y muchas entradas (tembetá, cabellos, sacrificio, aire, migración, pez, el textil con todos sus detalles...) combinan informaciones sobre las dos grandes regiones, de una manera sumamente interesante y además original.
Para los estudiantes de las culturas y lenguas del país, el libro es una riqueza de detalles descriptivos, informáticos, botánicos, zoológicos, ornitológicos, biográficos y bibliográficos, sobre términos religiosos, lingüísticos, políticos, de organización social, etc., con una cantidad de fotos e imágenes impresionantes, muchas de ellas nuevas, que también apoyan a ilustrar las entradas. Hay un listado también de todas las misiones jesuíticas en el país.
En lo lingüístico, se ha optado por escribir los términos aymaras y quechuas en la escritura actual, excepto en el caso de citas históricas o casos que podrían producir confusiones. Se ha trabajado con expertos en diferentes campos con los términos técnicos, lo que demuestra la seriedad de la autora. Inclusive, algunas entradas muy amplias sorprenden a una persona como yo, más acostumbrada al mundo andino: por ejemplo, calabaza, abeja, abejón, miel, cabello, collar...
La bibliografía está organizada en libros y artículos, además de fuentes hemerotecas y virtuales. Se cuenta con listados de las etnias del país, con detalles de sus familias lingüísticas, lugar de asentamiento principal y número poblacional. Se define cada "etnia" antropológicamente en términos de su ubicación, su hábitat, historia, economía, cultura material, organización socio-política, lengua y educación. A veces se tiene la impresión que las definiciones tienden a presentar una visión rural de lo indígena, lo que habría que repensar en ediciones futuras.
En su formato, el Diccionario no es solamente un texto de referencia, sino un texto sumamente didáctico. Se puede entrar el laberinto de ideas por entradas generales, AGRICULTURA ECONOMÍA, ECOLOGÍA, TRANSPORTE, para luego ir profundizando los conocimientos sobre tal o cual tema. Esto sería una fuente ideal para el uso de los estudiantes en sus investigaciones preliminares sobre temas bolivianos en los colegios y los primeros años universitarios del país.
Ahora pasaré a analizar más detenidamente la construcción intelectual del libro:
Territorialmente, el libro abarca todo lo que era el Alto Perú, y no restringe Bolivia a sus límites territoriales actuales. Como dice la autora, sólo de esta forma se ha podido incluir los grupos y territorios mencionados por los cronistas, y en algunos textos y documentos históricos, aunque sus territorios ya están fuera de lo que es Bolivia actualmente, o estos grupos ya no existen. En términos de tiempo, el Diccionario abarca la precolonia hasta la actualidad.
En términos de la "voz" o "posicionamiento" de la autora, parece que las entradas, aparte de inspirarse en su propio trabajo de campo, en lo general expresan las ideas de los autores claves (cronistas, viajeros, antropólogos, arqueólogos, lexicógrafos, historiadores) quienes escribieron sobre los temas bajo consideración y quienes deben conformar los ejes de la bibliografía usada en los cursos de antropología en el país. Para nombrar algunos: se cita con frecuencia los nombres de los viajeros, y lexicógrafos Alcides D'Orbigny, Manuel de la Concepción Mingo, Luigi Balzán, Doroteo Giannechini, Bernardino Niño; los estudiosos de la lingüística: Ludovico Bertonio, González Holguín, Garcilaso el Inca, Pedro Plaza y Juan Carvajal; Carlos Ponce Sanginés en lo arqueológico; María Rostworowski, Thierry Saignes y Mario Montaño en lo histórico y antropológico; Mary Money y Pascal Absi en entradas sobre los minerales; un conjunto de antropólogos de diferentes períodos: Erland Nordenskiold, Louis Girault, Alfred Métraux, Julia Elena Fortún, Jurgen Riester, Xavier Albo, William Cárter, Verónica Cereceda, Tristan Platt, Olivia Harris, Alison Spedding, Federico Kaufmann Doig; además de Guamán Poma, Félix López, Clemente Mamani, Simón Yampara, etc.
Esta mezcla intercultural de bolivianos y extranjeros, personas aymara, quechua y guaraní hablantes y no hablantes, probablemente expresa la constitución actual de las carreras antropológicas en el país, tanto entre los estudiantes como los docentes. En este sentido, creo que Henriette entrelaza las definiciones de las entradas de una manera fiel a las fuentes intelectuales disponibles.
Cuando se intenta definir un término más "desde dentro", desde lo émico, digamos, se agrega el prefijo "etno": por ejemplo "etnodesarrollo", como el desarrollo propio, o "etnohistoria", como la versión propia de la historia, opuesta a la historia "oficial".
Quiero resaltar otro punto aquí. Esto es que el largo período de incubación del libro, desde los años 90 del neoliberalismo hacia la coyuntura actual, se refleja en las entradas. Por tanto, los prefijos "etno" se quedan, pero algo reformulados según la coyuntura actual, y aun así probablemente no al gusto de los indigenistas.
A menudo se define estas "etnias" en términos lingüísticos, lo que se puede cuestionar, aunque se reconoce también como "etnias" los llamados "señoríos aymaras" de los pakaxa, asanaqi, charka, etc. Como disciplina, me parece que la antropología no tiene aún las herramientas para hablar convincentemente de las agrupaciones humanas mayores, ni se recurre mucho en el libro a la terminología jurídica actual de hablar de "naciones" y sus desestructuraciones históricas, en términos más bien dinámicos.
Otra cosa pertinente. El término "descolonización" todavía no está en las entradas. Y el acto de "descolonizar" las definiciones de la antropología como disciplina, a penas se ha comenzado. Esto también refleja la realidad del país. Aquí nuevamente, Henriette ha podido tomar la "tercera vía", al articular las nuevas corrientes e interpretaciones que vivimos actualmente con la antropología clásica de los años 60, 70 y 80. Por ejemplo, tenemos ya una entrada de "misticismo aymara" que se define como una "recreación y reinterpretación de todo en un conjunto místico creando una nueva cosmogonía... en parte, para legitimar el rol de Evo Morales como mesías andino... y su papel en catalizar el pachakuti..."
Hay algunas inconsistencias en el Diccionario: por ejemplo "aymara" se define como una "etnia" indígena andina, en tanto que "quechua" se define tanto como "familia lingüística" y también como "etnia". Habría que preguntar: ¿Y qué de la "lengua aymara"? Según los estudios recientes de Paul Heggarty y también de muchos arqueólogos, es posible que ambas lenguas, aymara y quechua, eran lenguas francas que aprendieron muchos diferentes grupos en la historia. En los hechos, es muy difícil trazar históricamente "una tribu" específicamente aymara o quechua (en el sentido clásico del término), como se pensaba en el pasado, y es más probable que había una cultura andina generalizada y articulada entre diferentes grupos de trabajo que se expresaba en diferentes lenguas.
Esto nos lleva a cuestionar muchas de las definiciones clásicas de la antropología: por ejemplo aquella de "áreas culturales", percibidas como regiones con características en común. Se ve estas definiciones ahora como construcciones disciplinarias de su época, que no siempre nos han ayudado a apreciar la complejidad de las interrelaciones entre grupos a través de la historia. Una de las riquezas del Diccionario de Henriette es que muchas de las definiciones híbridas (tembetá, cabildo, ángel, aliento, algodón...), refuerzan este sentido de contactos entre regiones, con intercambios de bienes y lenguas, y relaciones interculturales de larga data.
Personalmente, creo que la descolonización de la sociedad boliviana implica la gradual redefinición de muchos de los conceptos clásicos de la antropología, como de otras disciplinas. No sé si es viable todavía hablar de "enfermedades místicas o míticas" o "seres sobrenaturales", como hacen muchos de los autores cuyas definiciones se usan en el Diccionario. A mi modo de ver, estas definiciones tienden a antropologizar fenómenos más bien naturales, y que tienen que ver con las cuestiones de administración y gestión de los recursos de cada lugar. No busco una mayor racionalidad de estas definiciones sino algo que es más cerca de la experiencia vivida, hablada y pensada de los pueblos.
Mientras buscamos conjuntamente estas nuevas vías adelante, felicito a Henriette por mostrarnos algunas señales en el camino. He aprendido mucho de ella, con el libro sólo un día en mis manos.
DENISE Y. ARNOLD
Antropologa Inglesa











